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¿Desestabilización de la UNAM?: Humberto Musacchio Destacadas UNAM 

¿Desestabilización de la UNAM?: Humberto Musacchio

La República de las letras

El lunes de esta semana, al pie de la torre de Rectoría, fueron agredidos los alumnos del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, plantel Azcapotzalco, quienes protestaban por las arbitrariedades de su directora, como el cobro de cuotas sin un destino cierto, falta de profesores, la destrucción de murales y la inseguridad que se padece dentro y fuera del plantel

Después de una marcha que partió del Monumento a Álvaro Obregón, se realizó un mitin que transcurría de manera normal, hasta que del paso a desnivel que comunica el estadio Olímpico con la explanada de Rectoría salió un grupo de facinerosos, varios de ellos embozados y armados de palos, tubos y varillas. Los pandilleros lanzaron contra los estudiantes piedras, petardos y bombas molotov, mientras el personal de vigilancia se limitó a contemplar los hechos, que incluyeron también cuchilladas. El saldo conocido fue de seis muchachos lesionados, dos de ellos de gravedad.

Otro motivo de la protesta estudiantil fue el secuestro y asesinato, el pasado 20 de agosto, de la joven Miranda Mendoza Flores, inscrita en el CCH Oriente. Lo que constituye una muestra más de la inseguridad que priva en la Ciudad de México y zonas aledañas.

Los agresores son señalados como porros de los CCH de Naucalpan y Azcapotzalco, varios de ellos ampliamente conocidos y de quienes se sospecha que son informantes (“orejas”) de corporaciones policiacas.

Como respuesta a los hechos citados, hasta ayer cuarenta planteles habían suspendido clases y las oficinas de la Dirección General del CCH fueron tomadas por los jóvenes, justamente indignados por la agresión.

La actividad de pandilleros dentro del campus no es algo novedoso. Ya en 1560 hubo quejas en la reunión de claustro (especie de Consejo Universitario de la Real y Pontificia Universidad) contra los individuos “viciosos y de mala vida que inquietaban (a) los demás estudiantes”. No fue la única vez en que se supo de la presencia de tales delincuentes, pero ya en el siglo XX, desde los años treinta, ha sido una constante en la vida de la institución.

Los agredidos recordaron que no pocas veces hay autoridades escolares y aun de la administración pública que están detrás de los hechos violentos, lo que tampoco es nuevo. El eminentísimo Manuel Gómez Morín, rector universitario en 1933-34, tuvo el apoyo de las bandas de golpeadores de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC) que combatieron a puñetazos a los partidarios de la educación socialista.

Las bandas integradas por miembros de UNEC se lanzaron incluso a recorrer el país para oponerse al proyecto educativo de Lázaro Cárdenas. Juan Sánchez Navarro narra que era el propio Gómez Morín, quien los alentaba y los despedía con frases como: “Bueno, jóvenes, a Monterrey a expresar los puntos de vista de la libertad de cátedra” (a golpes, por supuesto); y “a Chihuahua… y a recorrer la República y a enfrentarnos a las autoridades locales”.

Hay, pues, una nefasta tradición porril que en varios momentos se ha transformado en pistolerismo y, con esos antecedentes, se puede sospechar de algunos funcionarios afectados, pues la directora del CCH Azcapotzalco, María Guadalupe Patricia Márquez Cárdenas, fue obligada a renunciar el 30 de agosto. Esta vez, sin embargo, resulta muy sospechoso que la agresión se haya producido al pie de la torre de Rectoría, quizá con el afán de mostrar que no hay gobierno en la casa de estudios e incluso en el país.

Cuando los que se van ya no quieren y los que llegan todavía no pueden, evidentemente se abre un espacio para hechos como los citados. Este interregno es aprovechado por fuerzas que resultaron perdedoras en las recientes elecciones y con métodos bárbaros buscan acomodo en el nuevo orden. Por si algo faltara, la Universidad es un bocado suculento para los que ambicionan prestigio, poder y, sobre todo, dinero, pues la UNAM tiene un presupuesto superior al de varias secretarías de Estado juntas.

Por lo pronto, las autoridades universitarias están cumpliendo con su deber al expulsar a los delincuentes y al exigir una investigación a fondo y que se castigue con toda severidad a los agresores, en especial, a quienes los manipulan, universitarios o no. Lamentablemente, no será el presente gobierno el que quiera comprarse el conflicto. Se lo dejará a las autoridades de Morena. Hay que esperar que estas actúen, y más les vale, porque para eso fueron elegidas.

Excélsior.

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