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Mil bocas condenan que se cancele la licitación de “Dos Bocas”: Por Jesús López Segura / LA VERSIÓN NO OFICIAL Andrés Manuel López Obrador Destacadas Pemex 

Mil bocas condenan que se cancele la licitación de “Dos Bocas”: Por Jesús López Segura / LA VERSIÓN NO OFICIAL

Se desata la histeria neoliberaloide antinacional

El griterío de la comentocracia huachicolera se desató luego del anuncio del Gobierno Federal en el sentido de que serán Pemex y la SENER quienes coordinen la construcción de la séptima refinería mexicana, luego de declarar desierta la licitación que se había convocado de manera restringida a 4 empresas extranjeras porque quisieron pasarse de veras… Porque declararon que era imposible cumplir con el plazo de tres años y el costo máximo de 8 mil millones de dólares.

Dicen los detractores consuetudinarios de AMLO que esta decisión será su Waterloo, que no van a poder concluir la obra; que, si los “grandes expertos” internacionales declinaron, ¿cómo se atreven estos chairos a asumir una responsabilidad que está fuera de su limitado alcance?

Pancho Garfias de plano afirma (citando a Gustavo Madero) que “AMLO no conecta con la realidad”. Argumento similar al que esgrimía esta mañana en el programa de Carmen Aristegui el abogangster Fernando Gómez Mont contra el héroe nacional Paulo Díez Gargari. Lo compara con aquél que escucha en la radio mientras va conduciendo, que hay un loco transitando en sentido contrario en el periférico y reacciona exclamando, consternado: no es uno, son un chingo…

Efectivamente, AMLO no conecta con la realidad de los neoliberales antimexicanos que consideran que somos incapaces de coordinar la construcción de una refinería. No conecta con los que dicen que la corrupción es un mal endémico con arraigo cultural prácticamente imposible de erradicar. Tampoco con quienes ven en el dinero su único Dios y están enfermos de ese mal contagioso en el que la avaricia extrema priva al enfermo de los placeres más elementales de la vida, como el de la generosidad, el auxilio al desvalido, y el amor verdadero a los semejantes que no tiene nada que ver con los golpes de pecho dominicales.

Dos Bocas: el error del sexenio”

Dice Mario Maldonado (“Dos Bocas: el error del sexenio”. El Universal) que “la construcción de la séptima refinería en el país no es sólo un tema de recursos económicos –que no tiene Pemex–, sino de otra mala señal para los mercados, pues se valida la hipótesis del aeropuerto de Texcoco: que el Presidente toma decisiones unipersonales, por capricho, a pesar de los grandes costos que estas pueden tener para el país y la economía“.

Los voceros del patrón actúan con tan malhumorado y agresivo talante que hasta hacen pensar que las pérdidas cuantiosas por negociazos frustrados les afectaran a ellos en la misma proporción. Podemos entender que un megamillonario enfermo de avaricia haga el coraje de su vida por el arribo al poder de alguien más preocupado por el bienestar de la gente, de la mayoría, que por custodiar la buena marcha de los negocios de quienes se han sentido durante décadas “dueños del país”. Son tan feroces en sus campañas televisivas y radiofónicas, son tan creativos para inventar toda clase de mentiras y difundirlas en la prensa que crean la impresión de que en ello se juegan la vida, se juegan su patrimonio, su estabilidad.

El tono mesiánico en que el Presidente trata de convencerlos mediante prédicas cotidianas, de cambiarlos con buenos modales en lugar de hacerles caer todo el peso de la ley, no los conmueve en absoluto y se ponen cada vez más agresivos.

Al principio de la administración, los neoliberales arrojados del poder presidencial pensaron que ya les había caído el chahuistle, que les iban a cancelar las concesiones televisivas que Peña les refrendó, antes de irse, por otros 40 años. Se veían anormalmente modositos y respetuosos con quien llamaban el Señor Presidente, y no como estaban acostumbrados: “El Peje“. Creyeron que no sólo les iban a cancelar el monstruoso proyecto de aeropuerto en el pantano de Texcoco, sino que les iban a expropiar bancos y encarcelar a muchos de los megaladrones que saquearon el país.

La civilidad, la amabilidad con la que el Pejepresidente los ha tratado sembró en ellos al principio una extrema desconfianza. Creyeron que se trataba de una hipocresía ladina, precautoria, mientras tomaba las riendas del poder. En lo que trabajaba a las fuerzas armadas, cediéndoles el control de la Guardia Nacional, antes de empezar la revolución bolivariana a la mexicana.

Pero con el transcurso de los meses, conforme se han percatado de que el Presidente va en serio cuando se propone una reconciliación nacional, una transformación profunda de las conciencias de los mexicanos para amarse los unos a los otros sin rencores ni enconos, en pos del bienestar para todos y no sólo para los mismos de siempre, entonces se vuelven a envalentonar y desatan la campaña para que renuncie. Le faltan otra vez al respeto con el trato insolente que la oligarquía dueña de las televisoras y radiodifusoras está acostumbrada a tratar a quienes considera sus esclavos, sus gatos.

¿Hasta cuándo resistirá López semejante afrenta?

Ya veremos.

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