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Mandan legisladores mexiquenses al Rector de la UAEM a oficialía de partes, donde ya lo esperaba un grupo de porros: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Destacadas Editorial UAEM 

Mandan legisladores mexiquenses al Rector de la UAEM a oficialía de partes, donde ya lo esperaba un grupo de porros: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Mientras AMLO laureaba la autonomía universitaria en Morelos, En el Edomex dan trato de mensajero al Rector

Maurilio Hernández, el controvertido jefe de los diputados morenistas, se quita la careta en el conflicto universitario del Estado de México. No tuvo la cortesía de recibir al rector para recoger en mano propia la iniciativa de ley que plantea la comunidad de nuestra máxima casa de estudios.

Enviaron a Alfredo Barrera Baca a oficialía de partes, a la vuelta del edificio legislativo en el que, increíblemente, se le negó la entrada. Todo parecía una celada perfectamente planeada. En la tras calle del edificio anexo, aparecieron de la nada unos 200 “estudiantes” que agredían e insultaban al rector y lo cercaron en su trayecto de regreso a Rectoría. Tuvo prácticamente que salir huyendo con el auxilio de un motociclista.

Los agresivos jóvenes, incapaces de dar una declaración a los periodistas que los cuestionábamos, se limitaban a obedecer órdenes de unos cuantos adultos que les decían cuándo subir al templete, qué leer y cuándo callarse, probablemente enviados por el director del “Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados de la Población” de la propia UAEM, Jaciel Montoya Arce.

A todas luces se trataba de un operativo concertado con el personal de la Cámara de Diputados para aislar al rector del nutrido grupo que lo acompañaba.

Sabemos ya de quién es la mano que mece la cuna.

“El coordinador de Morena en la Legislatura mexiquense y presidente de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO), Maurilio Hernández, aseguró que las dos iniciativas de reforma a la Ley de la UAEM -la institucional y la espuria- serán analizadas en el Congreso local, por lo cual realizarán foros y garantizó que no hay, ni habrá violación a la autonomía, ni existe la intención de remover al rector, Alfredo Barrera“.

Pero el caso es que una de esas dos iniciativas -elaborada por un grupúsculo y no por la comunidad universitaria en su conjunto, como la otra- plantea destituir no sólo al rector, sino a la máxima autoridad que es el Consejo Universitario, en un plazo de 60 días.

“En entrevista, Maurilio Hernández garantizó que no aprobarán solo una de las dos propuestas, sino buscarán consensos, pues hay un pleito entre los universitarios que deben dirimir, pero en la Cámara de Diputados a ambos planteamientos les darán el tratamiento institucional que realiza el Poder Legislativo, pues las leyes se hacen en la Legislatura, no en la Universidad“, reza textualmente el boletín oficial de la Cámara de Diputados.

Entonces, ¿si de la nada surgieran una multitud de iniciativas, formuladas por los numerosísimos y diversos grupos que alberga la Universidad, la Legislatura se tomaría el trabajo de analizarlas y conciliarlas todas ellas?

No estaría mal que la UAEM enviara una cascada de iniciativas a la Cámara, para que ésta hiciera el trabajo -ya hecho en la iniciativa de Rectoría– de conciliar los miles de puntos de vista que conviven en el quehacer universitario.

La actitud grosera del maestro de primaria Maurilio Hernández, al darle al rector trato de mensajero; su desprecio al considerar en el mismo plano de legitimidad la propuesta institucional -consensuada entre toda la comunidad universitaria- y la de un grupo o secta encabezada por un burócrata eternizado en su cargo durante 25 años -pero que ¡clama por democracia laboral!-, dejan ver con toda claridad la importancia crucial de la autonomía universitaria, única arma de la inteligencia para contener el embate de burócratas partidistas que, sin estudios universitarios por cierto, se sienten con arrestos para mancillar la excelencia académica de nuestra alma mater.

Mientras tanto, en Morelos, el Presidente López Obrador dignificaba la autonomía universitaria al declarar que los conflictos internos deben ser resueltos por los propios universitarios: “Tienen que ponerse de acuerdo. Dialogar al interior de las universidades porque ¡son autónomas!”, respondió a jóvenes que le pedían su intervención para resolver los problemas laborales de su universidad.

En mi colaboración de ayer, adopté la hipótesis de que Alfredo del Mazo está sembrando este conflicto entre la universidad y el Congreso, dominado por Morena, a fin de debilitar al coordinador Maurilio Hernández -acusado casualmente por F. Bartolomé de corrupto- para encubrir los latrocinios de Eruviel y Peña, según declararon a Veneranda Mendoza, de Proceso, los diputados Faustino de la Cruz y Karina Labastida. Confirmaba esa hipótesis la sorprendente apatía del Ejecutivo estatal, quien parece vivir en otra entidad, pues no ha salido a la palestra para defender a nuestra máxima casa de estudios.

Remataba en mi columna: “Esperemos que los congresistas mexiquenses se comporten a la altura de tan delicadas circunstancias; metan al orden a la pequeña mafia de los Faustinos y Benignos con el fósil Jaciel Montoya; honren la autonomía universitaria como corresponde hacer a todo mexicano en uso de razón y más a los luchadores sociales de la auténtica izquierda convertida en Gobierno; y no se presten a esta maniobra vil de quienes se sienten desesperados porque la lumbre de su inocultable corrupción les llega, poco a poco, a los aparejos”.

Sabemos ahora que no hay tal “altura de miras” en el Congreso mexiquense, y que algunos legisladores con nivel de maestros de primaria, como es el caso de Benigno, Faustino y el propio Maurilio, tienen una especie de fobia por la Universidad y llegados al Poder por la ola lopezobradorista, piensan usarlo para compensar sus complejos académicos, arremetiendo contra la autonomía universitaria, quizá porque no tienen el valor de confrontar al poderoso grupo de la mafia que nos ha saqueado a los mexiquenses y al cual se limitan a criticar con una retórica encendida -como hace brillantemente la diputada Azucena Cisneros-, pero no se atreven a tocarlo con el pétalo de una acusación formal.

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