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Columnistas y analistas opinan sobre la postura de AMLO ante la portada de Proceso

Analistas políticos de distintos medios de difusión nacionales abordaron el asunto

 

 

En La traición de Proceso, publicada en el portal SinEmbargo, Alejandro Páez Varela escribe sobre el polémico titular de la revista, sustentada en conceptos de una entrevista con Diego Valadés, exministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación:

“Es una preocupación de muchos que Andrés Manuel base su Presidencia en él, y no en instituciones robustas. ¿Qué pecado hay en eso? ¿No nos sirve, a todos, tenerlo claro y estar atentos? ¿No le sirve ese texto incluso a Morena y al Presidente electo para mejorar o al menos para pulsar a un segmento de la sociedad que tiene sus dudas y preocupaciones?

“La reacción, sin embargo, fue atacar al mensajero y acusar a Proceso de ‘medio chayotero’. Siendo crítico (y no es mi intención darle lecciones a nadie), a la portada le faltó la atribución: un ‘dice Diego Valadés que…’; lo mismo que en la cabeza de interiores; no es la más correcta. Se les fueron tres o cuatro afirmaciones sin atribución. Pero el texto no tiene problema. Es Diego Valadés y ya. Critica a AMLO y ya. Los medios y las voces críticas robustecen la democracia.

“Pero si Proceso es ahora un ‘medio chayotero’ o un ‘medio traicionero’ porque critica a AMLO, ¿entonces los no-chayoteros serán los que, por oficio, se pongan a los pies del nuevo Jefe del Estado mexicano, como lo hicieron con Fox, con Calderón y con Peña? ¿Ese es el tipo de medios que aplaudirán? Si es así, pues vamos de reversa”, dice Páez Varela.

Y cuestiona lo que, a su entender, suscitó el fenómeno de la portada del semanario entre el grupo afín al presidente electo:

“Hay un malentendido. Los medios críticos mantuvieron una agenda que se volvió reclamo social, y que sirvió para concientizar sobre la necesidad de un cambio. La escandalosa corrupción durante el Gobierno de Enrique Peña Nieto; la violencia desenfrenada, que empezó con Felipe Calderón Hinojosa; la entrega de sectores estratégicos de México (con Vicente Fox, desde antes y después de él); el incremento de la pobreza y de la desigualdad, así como la resistencia a la transparencia y a la rendición de cuentas, fueron temas de los medios independientes en estos años. Y sí, en algún momento una parte de esa agenda empató con la oferta de López Obrador.

“Esa agenda de los medios críticos, que ignoraron los aliados del actual Gobierno (y que fueron los grandes beneficiarios de los 60 mil millones que Peña repartió entre ellos), ¿debe cesar? Es decir, ¿esperan que Proceso y otros medios (el mismo SinEmbargo, o Carmen Aristegui) abandonen los señalamientos de corrupción, de violencia, de pobreza y desigualdad? ¿Debe, la prensa crítica, dejar de hablar de los riesgos para el país si López Obrador concentra el poder en él y no en las instituciones (la portada de Proceso)? ¿Debemos dejar de lado a las víctimas y no hablar de ellas porque hay una esperanza de que un nuevo Gobierno las escuche? ¿Debemos dejar de hablar sobre las mujeres vulneradas, sobre los corporativos que se están comiendo pueblos enteros; que se chupan el agua y que explotan los bienes no renovables sin beneficio alguno para la gente? ¿Deben los periodistas dejar de hablar de corrupción durante los siguientes seis años? ¿Deben dejar de investigar porque simplemente “ahora ya no habrá corrupción”?

“Allí está el malentendido. Los medios críticos lo fueron con Peña, y lo serán con López Obrador (…) Censurar una portada crítica no le hacen bien a nadie: ni al nuevo Gobierno, ni a los proyectos para una nueva Nación”.

En su artículo AMLO y el extraño enardecimiento, presentado en El Universal, Roberto Rock describe las últimas 24 horas:

“Lo ocurrido en las últimas 24 horas en México nos coloca en las antípodas de la posibilidad de entender un cambio político como un proceso de renovación que traiga buenas noticias para amplios sectores.

“Alentado por sus propios demonios, por la dinámica de una sociedad activa (la misma que lo llevó al poder), o por la acción concertada de actores que operan en las sombras, el primer equipo de López Obrador incurrió ayer en una respuesta desproporcionada ante publicaciones en medios, como la producida en la revista Proceso, por solo mencionar un caso.

“Bienvenido un quiebre de régimen si el nuevo se construye de manera eficaz y constitucional. El modelo fracasará si se radica en el solo impulso del próximo presidente, estableció Valadés, palabras más, palabras menos. Y eso fue la chispa que encendió la pradera. Voceros oficiosos ávidos de notoriedad, personajes estrechamente cercanos al presidente electo y éste mismo se deslizaron hacia una descalificación de Proceso y otras publicaciones que ejercen la crítica como un derecho que todos debemos apuntalar. Nadie ganará si la necesaria transformación echa mano de los códigos del endurecimiento”, sostuvo.

Ya sé que no aplauden, de Luis Cárdenas, reforzó en las mismas páginas: “Si AMLO usara el poder para contestar con más argumentos y menos descalificaciones ganaría credibilidad y aún más apoyo”.

En Milenio, Julio Patán publicó su análisis del “escándalo”. En el texto Los medios y el Estado, dice:

“Una de las grandes mentiras del discurso progre, siempre y desde luego hoy, es que el Estado, lo público, vive amenazado por el poder privado, eso que algunos llaman ‘poderes fácticos’. Lejos de ello. Desde Chávez, que arrasó con la clase empresarial y al hacerlo, como pasa siempre en esos casos, arrasó con el país, hasta Trump, que tiene la oposición explícita de un puñado grande de los magnates más poderosos de la historia y resiste haciendo más o menos lo que le da la gana sin abolladuras mayores, la historia reciente confirma que el Estado, en plan hegemónico, es una fuerza muy difícil de contrarrestar, y que las amenazas autoritarias vienen esencialmente de ahí.

Por eso es tan grave que un presidente y su entorno —secretarios, subsecretarios y asesores convertidos en articulistas o talking heads— torpedeen a los medios: pese al victimismo subyacente en su discurso, es una pelea desigual, sobre todo cuando están en juego concesiones que pueden ser revocadas, y es —otra vez, de Chávez a Trump— un síntoma de mala salud democrática porque es un ejercicio de intimidación, aunque un ejercicio que, de momento, no parece haber tenido los resultados que esperaban. Proceso lo recordó con ruido porque es una publicación difícil de acomodar en el discurso maniqueo tipo pueblo bueno vs prensa fifí: ha sido una revista incluso proclive al obradorismo, de ahí que su manotazo en la mesa haya causado tanto pasmo entre los influencers 4T”.

En Reforma, Sergio Sarmiento escribió Prensa progre o fifí. Dice:

“No es inusitado que el semanario Proceso haya dedicado una portada editorializada a cuestionar a un político. El titular de esta semana, “AMLO se aísla: El fantasma del fracaso”, es típico de la revista, solo que no ataca a un Presidente del PRI o del PAN, sino a Andrés Manuel López Obrador.

“Los simpatizantes de la izquierda aplaudían las golpeadoras portadas de Proceso cuando etiquetaban a otros mandatarios, pero no consideran hoy aceptable cuestionar a un Presidente electo de su misma ideología. La revista, lectura de cabecera de la izquierda durante 42 años, se convierte así en una traidora a la causa, especialmente porque Julio Scherer Ibarra, hijo del fallecido fundador y gran patriarca de Proceso, Julio Scherer García, será consejero jurídico de la Presidencia en el gobierno de López Obrador.

“La portada de Proceso es cuestionable. Tomar una frase de una opinión y colocarla como titular sin ninguna atribución no es una buena práctica periodística, aunque es lo que ha acostumbrado la revista durante décadas. Pero no se puede cuestionar la práctica solo cuando afecta a un Presidente ‘progresista’”.

Finalmente, en una columna titulada ¿Presidente para todos?, páginas de El Financiero, Salvador Camarena recordó que esta no es la primera vez que López Obrador arremete contra Proceso, a la que en 2009 dirigió una carta expresando sus desacuerdos por supuestas calumnias “para complacer a la derecha” publicadas en la revista.

Entonces, recuerda también el columnista, el director del semanario, Rafael Rodríguez Castañeda, respondió: “Proceso no ha sido, no es y no será incondicional de nada ni de nadie. La razón de ser de nuestro trabajo semanario son los lectores, no los hombres del poder ni aquellos que aspiran a conquistarlo…”.

Escribe hoy Camarena: “AMLO se equivoca en que ya no es candidato ni líder de un partido de oposición. Es, en los hechos y para empezar, la persona (el mandatario) que tendrá en su mano el enorme poder –discrecional hasta hoy, pues así está la ley de publicidad oficial– para distribuir entre los medios de comunicación decenas de miles de millones de pesos de los mexicanos. Eso enturbia cualquier “debate” entre el presidente y un medio en nuestra democracia actual. Si López Obrador renunciara a que su gobierno usara esos fondos (cediendo esa facultad a un organismo autónomo), o si de hecho cortara a cero los mismos, en una de esas sería más o menos parejo ese intercambio.

“Y ni así: porque a pesar de que la noche del 1 de julio prometió lo contrario, con lo que dijo en el video de ayer queda claro que Andrés Manuel renuncia a ser el presidente de todos, a quedar por encima de los grupos, y nos advierte que será un pugilista de los suyos en contra de los que en cada round él considere los otros. Malas noticias en el horizonte”.

Proceso.- https://www.proceso.com.mx/558461/columnistas-y-analistas-opinan-sobre-la-postura-de-amlo-ante-la-portada-de-proceso

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