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La “cuarta transformación nacional” no puede lograrse sin una auténtica revolución cultural: LA VERSIÓN NO OFICIAL / Por Jesús López Segura Andrés Manuel López Obrador Editorial Noticias principales Política 

La “cuarta transformación nacional” no puede lograrse sin una auténtica revolución cultural: LA VERSIÓN NO OFICIAL / Por Jesús López Segura

Las televisoras delinean, cada día con más claridad, su asonada contra el cambio

 

Si de veras va en serio, “la cuarta transformación nacional” pasa, necesariamente, por retirar las concesiones televisivas a todos los grupos de poder que han impuesto una cultura específica en México, caracterizada por el consumismo desbocado de unos cuantos, en medio de la absoluta miseria de la mayoría, a través de su dominio absoluto de la cultura política y de la cultura a secas -sólo palidecido a últimas fechas por “las benditas redes sociales”- en favor de los intereses específicos y perfectamente identificables de la oligarquía nacional.

No existe otro camino. Cualquier intento por “negociar” con los concesionarios, “convencerlos” de que cambien su visión del mundo y repentinamente renuncien a sus intereses genéticos de clase para que den un vuelco a la actividad productiva de más de medio siglo en sus empresas, a fin de consolidar una nueva ideología de solidaridad social, combate a la corrupción y amor al prójimo, provocaría lo que ya empieza a verse -y se ha visto en todas las experiencias latinoamericanas luego del arribo democrático de opciones “populistas”-, es decir, la rebelión abierta de las televisoras y radiodifusoras contra el régimen democrático para recuperar los privilegios de que gozaban en anteriores gobiernos conservadores, neoliberales o como quiera llamárseles.

La oligarquía mexicana ha impuesto, a través de radiodifusoras, televisoras, producciones cinematográficas y buena parte de la prensa escrita (revistas y periódicos), pero también y muy destacadamente a través de otros aparatos ideológicos de Estado como la escuela de tipo enciclopedista y la familia patriarcal, una visión del mundo contraria a los intereses nacionales, es decir, contraria a los intereses de la mayoría de los mexicanos, para consolidar la vigencia plena de los privilegios de unos cuantos.

No hay un sólo argumento que pueda invalidar la decisión del Estado Mexicano de revocar concesiones que sólo han servido, a lo largo de 70 años en el caso de Televisa por ejemplo, para amasar fortunas inmensas y ofensivas, pero sobre todo para consolidar una visión del mundo totalmente distorsionada, tendiente a imponer prejuicios clasistas, misóginos y consumistas ajenos por completo no solamente a nuestros valores culturales tradicionales, sino a los intereses de la nación.

Lula da Silva está en la cárcel y Bolsonaro será presidente. Hace apenas unos años era impensable que semejante cosa ocurriera en Brasil. Quien piense que los desplazados del poder van a esperar cruzados de brazos que la cuarta transformación nacional se logre en la realidad, probablemente tendrán que sufrir dentro de unos años la misma suerte de quienes buscando esa especie de utopía, terminaron en la cárcel o, peor aún, convertidos en los mismos monstruos que criticaban, como es el caso de los Maduros y los Daniel Ortega.

Transformar la mentalidad de un pueblo no es “enchílame otra”. Se trata ni más ni menos que de una revolución cultural, impensable con los enemigos de esa transformación controlando las herramientas culturales por excelencia, los medios de comunicación masiva. Se requeriría de una inocencia y candidez monumentales para albergar dudas y vacilaciones al respecto.

 

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