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La migración hondureña, arma electoral de la Casa Blanca

Donald Trump aprovecha la Caravana Migrante para hacer crecer el odio xenófobo de los conservadores

 

Frente a las elecciones intermedias de noviembre próximo, el presidente estadunidense Donald Trump ha emprendido una andanada de ataques verbales contra la inmigración indocumentada centroamericana, acompañada de amenazas a México, como parte de una estrategia electoral para alentar el voto conservador y racista de su país a fin de mantener el Congreso federal en manos de los republicanos.

El próximo 6 de noviembre habrá elecciones federales de medio periodo en las que se juega el control del Capitolio. Aunque actualmente su partido controla el Poder Legislativo, Trump está preocupado porque las encuestas favorecen a los demócratas.

Frente a la posibilidad de que una derrota electoral limite en gran medida su poder y él quede a merced de la oposición demócrata en el Congreso, el mandatario aprovechó el avance de la caravana de migrantes centroamericanos que arrancó en Honduras, en un intento desesperado de robustecer los sentimientos antimigrantes y canalizarlos a favor de los republicanos.

Trump ha amenazado a través de mensajes en su cuenta de Twitter, como es su costumbre, con suspender la ayuda económica a Honduras si no detiene la caravana. “Cualquier persona que entre como indocumentado a Estados Unidos será arrestado y detenido antes de ser enviado de regreso a su país”, sentenció.

“Además de detener todos los pagos a esos países que al parecer no tienen control sobre su población, debo pedirle a México, en los términos más enérgicos, parar este ataque y, si no puede hacerlo, llamaré al ejército y cerraré nuestra frontera sur”, advirtió en otro mensaje.

Los comicios del 6 de noviembre son el primer plebiscito para la presidencia de Trump. Se juegan las 435 curules de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 de Senadores.

De acuerdo con el promedio de las encuestas recientes de varios medios estadunidenses, los demócratas tienen 57% de posibilidades de ganar el control de la Cámara de Representantes; los republicanos, 43%.

En esa rama legislativa los republicanos cuentan con 235 curules, los demócratas 193 y hay siete vacantes. En el Senado la pelea está muy cerrada; el promedio en las encuestas al cierre de esta edición daba 52% a los republicanos, frente a 47% de los demócratas.

Actualmente el Partido Republicano cuenta con 51 lugares en el Senado, los demócratas con 47 y hay dos independientes. De los 35 que estarán en juego el 6 de noviembre, 23 son demócratas, 10 republicanos y dos independientes.

 “Si los demócratas ganan el control de la Cámara de Representantes, el presidente Trump estará imposibilitado para cumplir sus promesas de gobierno en los próximos dos años. De nada le servirá si los republicanos mantienen el control del Senado, y las posibilidades de que lo logren son como un volado”, consideró The Wall Street Journal en un editorial publicado la semana pasada.

Las frustraciones electorales de Trump y su aliento a los sectores conservadores y racistas de la población estadunidense (que apoyan la construcción de un muro en la frontera con México y la expulsión de los inmigrantes, tanto indocumentados como residentes permanentes de origen latino) surtieron el efecto que esperaba.

Envió a su secretario de Estado, Mike Pompeo, a hablar de la caravana con el presidente Enrique Peña Nieto, su canciller, Luis Videgaray, y con Marcelo Ebrard, próximo secretario de Relaciones Exteriores.  

El gobierno mexicano magnificó la presunta crisis migratoria por la caravana centroamericana al puro estilo de Trump; Peña Nieto ordenó el despliegue de la Policía Federal en la frontera con Guatemala y Videgaray apeló a la asistencia de las Naciones Unidas.

Para militarizar la frontera con México, el mandatario estadunidense requiere de la aprobación del Congreso. Revertir o anular las negociaciones del nuevo acuerdo comercial de América del Norte le costaría a Trump el respaldo de los sindicatos del sector agrícola, de las manufacturas y el automotriz, por mencionar algunos, con lo que disminuiría las posibilidades de triunfo de los republicanos el 6 de noviembre. Sin embargo, tres mensajes en Twitter bastaron para que Peña Nieto y Videgaray reaccionaran como Trump quería.

De acuerdo con funcionarios de la Casa Blanca citados por los diarios The New York Times y The Washington Post, a unos pasos de la Oficina Oval discutieron airadamente el general John Kelly, jefe del gabinete, y John Bolton, jefe del Consejo Nacional de Seguridad.

“El agarrón”, reportó el Times en su edición impresa del viernes 19, “fue tan escandaloso que se escuchó en varias oficinas del Ala Oeste” de la mansión presidencial. La versión periodística sostiene que Bolton reclamó a Kelly que su protegida, Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Interior, no estaba dando los resultados que espera el presidente en la reducción del flujo de inmigrantes indocumentados.

Kelly, primer secretario de Seguridad Interior en el gobierno de Trump, recriminó a Bolton su respaldo a la manera agresiva con la que el presidente presiona a los países centroamericanos a que hagan más para desalentar a sus ciudadanos de formar caravanas.

También rechazó que fuera buena idea acusar a los demócratas de impulsar fronteras abiertas, porque no lo han hecho.

Desde febrero de 2017, al cumplir un mes en la Presidencia, Trump presumió que las políticas antimigrantes de mano dura –con las que ganó muchos votos– estaban dando los resultados que garantizó como candidato. Afirmó que el flujo de indocumentados había disminuido, en tanto que su captura se incrementaba.

La separación de familias es un punto vulnerable de los republicanos entre el electorado estadunidense. En los estados del medio oeste, donde se concentra la mayoría de la población blanca que apoyó a Trump en la elección de 2016, los candidatos republicanos mantienen una posición moderada sobre el caso de los niños, pero igual de radical respecto de la construcción del muro y la deportación de indocumentados adultos.

Pero en el sur la situación es diferente, en parte porque el electorado de origen latino es fundamental. Por ejemplo, en Texas el senador republicano Ted Cruz busca reelegirse, pero tiene una ventaja mínima frente al candidato demócrata, Beto O’Rourke: 50% y 47%, respectivamente.

Con información de Proceso.

 

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