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¿Cómo mataron a tantas mujeres? Es que vivimos en tierra de nadie, dicen vecinos de Edomex Edomex Feminicidios 

¿Cómo mataron a tantas mujeres? Es que vivimos en tierra de nadie, dicen vecinos de Edomex

CRÓNICA POR SUGEYRY GÁNDARA para Sin Embargo

Don Tomás Ortiz ha vivido 35 años en la colonia Playas de Jardines de Morelos, en Ecatepec, Estado de México. El hombre de 51 años conoció –al menos de vista– a Juan Carlos “N” y a Patricia “N”, la pareja de presuntos feminicidas seriales, detenida el pasado 5 de octubre, acusados de asesinar al menos a 10 mujeres.

“Eran muy platicadores. Se veían buena gente. Parecían humildes”, dice el hombre que, juntos con sus vecinos, aún no pueden creer que hayan estado tan cerca del infierno, pues de acuerdo con versiones de la Fiscalía mexiquense las víctimas de los supuestos asesinos seriales podrían ser más de 20.

Ecatepec es el municipio más violento del Estado de México y uno de los más peligrosos en todo el país. Ese ayuntamiento fue gobernado en dos periodos distintos por el priista Eruviel Ávila Villegas quien, además, nació en una colonia vecina a Jardines de Morelos, hoy escenario de una tragedia que aún no se dimensiona por completo.

Tanto Enrique Peña Nieto, actual Presidente de México, como Eruviel Ávila fueron gobernadores del Edomex, un estado que el PRI ha gobernado por 90 años, pero que el pasado 1 de julio perdió el Congreso y una buena parte delos ayuntamientos, incluidos los tres distritos de Ecatepec, en manos de Movimiento Regeneración Nacional.

Una casa azul de dos pisos con un salón de belleza y un portón negro atrae la mirada curiosa, inquieta e incluso morbosa vecinos y extraños que conocen la cruenta historia que, se afirma, ocurrió en la parte superior de ese inmueble ubicado en la calle Playa Tijuana, en Jardines Morelos, Ecatepec, Estado de México.

Un desfile de cámaras de video, reporteros y periodistas rondan el domicilio. Entrevistan a mujeres, jóvenes y vecinos de ese municipio, que en el argot es conocido ya como “la tierra del feminicidio”.

En apariencia todo parece normal: la tienda de abarrotes, la panadería y un local de uñas ubicados en la misma cuadra operan de manera habitual.

A menos de cien metros se encuentra la “Escuela Primaria Rosario Castellanos”. Decenas de niños y niñas circulan con sus uniformes escolares tomados de la mano de sus madres. Las mujeres aprietan con mayor fuerza a sus vástagos en cuanto pasan por el numeral 530.

Una breve pausa abraza el momento. El bullicio se detiene. La consternación se dibuja en los rostros de quienes voltean a ver esa residencia azul. Su apariencia no asusta, es su historia lo que horroriza. Un ligero cuchicheo. Luego, los espectadores se retiran.

Unas manos gruesas se alcanzan a ver por las ventanas del segundo piso. Con un movimiento audaz cierran las cortinas. El portón es abierto: una mujer de negro y un niño salen a toda prisa con la cabeza agachada. Aprietan el paso para no ser abordados por la prensa.

Desde una rendija de esa laminada puerta negra se alcanzan a ver decenas de veladoras prendidas colocadas en el piso formando una cruz, justo en medio de la cochera. En la parte superior, hay dos jarrones con flores rosas y blancas. El recordatorio de la tragedia.

No está resguardo, no está acordonado, no hay vigilancia. Alguien que desconozca los hechos jamás sabría que ahí, en la azotea de ese inmueble, se presume que mataron, recientemente, al menos una decena de mujeres.

Y es que en ese lugar vivían Juan Carlos “N” y Patricia “N”, detenidos el pasado 5 de octubre como presuntos responsables de al menos diez feminicidios en la zona, que podrían vincularse hasta 20 casos. El horror se agrava, toda vez que en ese lugar no sólo radicaba “la pareja feminicida”: también vivía una sus víctimas, Arlett Samanta Olguín Hernández.

Tomado de Sin Embargo.

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