Estás aquí
Tres sexenios de dilapidar el dinero público Economía y finanzas Noticias principales 

Tres sexenios de dilapidar el dinero público

La deuda pública pasó de 6.3 billones de pesos al inicio de la administración peñanietista a un estimado de 11.3 billones

La deuda pública creció exorbitantemente durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. En consecuencia, el pago del servicio de esa deuda se encuentra en un máximo histórico, pues representa 2.9% del producto interno bruto (PIB), inferior a la inversión del gobierno federal en obra pública.

Según Luis Foncerrada, director general del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, la deuda pasó de 6.3 billones de pesos al inicio de la administración peñanietista a un estimado de 11.3 billones al cierre de este año.

Lo más grave es que esa deuda se utilizó para financiar el gasto corriente y el pago de intereses, pues la inversión pública apenas alcanza 3.3% del PIB, según Foncerrada. Mientras el diario Reforma, en su edición del miércoles 19, señala que mientras en el sexenio de Felipe Calderón se invirtió en obra pública 4.3% del PIB, en el de Peña Nieto (al cierre de 2017) era de 2.6; mientras el costo financiero de la deuda era en el pasado sexenio de 1.9% y en el actual, de 2.4.

De acuerdo con estas cifras, en el presente sexenio un mínimo porcentaje de los 5 billones de pesos en los que creció la deuda pública se dedicó a la inversión pública, lo que se refleja muy claramente en el decremento de la misma y su consecuente impacto en los bajos índices de crecimiento de la economía nacional.

Sin embargo, esta práctica no es exclusiva del actual gobierno, pues un rápido repaso a los dos sexenios panistas (los más beneficiados por la bonanza petrolera nacional, por la combinación de una alta producción y los precios récord del barril de la mezcla mexicana) muestra que éstos pudieron moderar el crecimiento de la deuda, precisamente por la renta petrolera, pero los excedentes también los dedicaron principalmente a financiar el gasto corriente, señala el reportaje especial de SinEmbargo.

Así, si se consideran los excedentes petroleros en las dos administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón y la deuda pública contraída en el sexenio peñanietista, la suma alcanza alrededor de 7.5 billones de pesos, que en su mayoría se han destinado a financiar el gasto corriente, mientras un pequeñísimo porcentaje se ha destinado a inversión y a incrementar las reservas del Banco de México.

Con la llegada de la alternancia a la Presidencia de la República, también arribó la época de la bonanza petrolera, que les permitió a los gobiernos de Fox y Calderón financiar sin problemas su operación; cuando ésta llegó a su fin, al inicio del presente sexenio, éste tuvo la posibilidad de recurrir al endeudamiento porque este mismo era muy manejable en esos momentos, al representar aproximadamente 34% del PIB, mientras que en este momento se encuentra en 48%, aproximadamente.

Sin embargo, al haber destinado casi la totalidad de esos recursos al gasto corriente y al pago de intereses de la deuda, se impactaron negativamente las finanzas públicas y se restringieron mucho los márgenes de maniobra para incrementar los ingresos públicos, ya que el magro crecimiento del PIB limita el endeudamiento, mientras la disminución en la extracción de petróleo y la refinación de gasolinas convierte cualquier aumento en los precios de los hidrocarburos en un factor negativo.

Los tres gobiernos del nuevo milenio tuvieron los recursos económicos suficientes para impulsar el crecimiento de la economía mexicana, los dos primeros por los altos precios del barril de petróleo (que llegó a un máximo histórico para la mezcla mexicana, el 14 de julio de 2008, con 132.71 dólares por barril); y el último, por la buena salud de las finanzas públicas que le permitieron recurrir al endeudamiento.

Lamentablemente esos recursos no se dedicaron a la inversión en la misma industria petrolera, el desarrollo de la infraestructura nacional o a la implementación de políticas públicas que combatieran los ancestrales problemas estructurales (desigualdad socioeconómica, mala calidad de la educación, bajos salarios, la mitad de la población en pobreza, entre otros) que hubiesen impulsado el crecimiento de la economía mexicana.

Con información de Proceso.

También te puede interesar: