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La seguridad del virtual presidente electo: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

El Tigre y las Gacelas

 

López Obrador ha sido acusado sistemáticamente por Ciro Gómez Leyva de irresponsable. Ha dicho el vocero de la nueva derecha mexicana que es una grave irresponsabilidad del candidato -y ahora virtual presidente electo- rechazar los ofrecimientos de seguridad del Estado Mexicano -y del Estado Mayor Presidencial para cuando entre en funciones en el más alto cargo público del país-. Los recientes llamados del propio López Obrador a camarógrafos y reporteros para que dejen de apachurrarlo, retratan de cuerpo entero la ciertamente altísima vulnerabilidad del próximo presidente de México.

No se trata de Uruguay, donde José Mujica, que viajaba en su Vochito confiado en que el pueblo lo protegería, igualito que Andrés Manuel -que se transporta en otro Vochito un poco más moderno, un Jetta Clásico-.

Está bien que López quiera emular al ex guerrillero tupamaro experto en el manejo de armas. Pero durante la campaña presidencial de Mujica no hubo 130 asesinatos de políticos relacionados con el proceso electoral y en promedio para su mandato las muertes violentas no superaron las 8 por cada cien mil habitantes. En México tenemos cerca de 30 asesinatos por cada cien mil habitantes.

Aparentemente estaríamos coincidiendo con Ciro Gómez Leyva en este planteamiento, pero hay una diferencia de fondo, cuando menos: La irresponsabilidad que le achaca Ciro a López Obrador, corresponde más propiamente al presidente actual, quien tendría la obligación, independientemente del deseo del virtual presidente electo, de cuidarlo como a la niña de sus ojos, sobre todo cuando ha sido él, es decir, Peña Nieto, quien tiene sumido al país en un infierno de inseguridad al que sólo escapan los adinerados y los políticos que tienen la posibilidad de contar con escoltas y los costosos instrumentos para su seguridad personal, como autos blindados, que el pueblo inerme les financia con sus impuestos.

López tiene todo el derecho del mundo a creer que “el pueblo lo cuida” y si peca con esa creencia pueril de una ingenuidad extrema -y peligrosa para él mismo y, en consecuencia, para el país, ojalá que sus allegados, empezando por su esposa y sus hijos, lo convenzan de que se deje de romanticismos mesiánicos y adopte una estrategia propia de seguridad cuanto antes, al margen de la protección del Estado en la que evidentemente no confía, pues parece decir, al rechazarla, que más vale solo que mal acompañado.

¿Dónde está el eficiente y carismático grupo que lo cuidó cuando era Jefe de Gobierno conocido como Las Gacelas, –Grupo Especial de Reacción Inmediata (GERI)- seis mujeres que rondaban entre los 25 y 35 años de edad, y que fueron enviadas a Israel para entrenarse de manera especial en el manejo de armas, tácticas de inteligencia, detección de sospechosos y acciones en situaciones de alto riesgo?

La responsabilidad directa de cualquier eventualidad en este delicado tema, contra lo que piensa y dice Ciro Gómez Leyva, será de Enrique Peña Nieto y Alfonso Navarrete Prida.

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