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Sigue la matanza cotidiana de políticos, mientras Peña se autoelogia: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Pareciera estarse creando un clima propicio para el magnicidio

 

Ya van 112 políticos asesinados en lo que va del proceso electoral en nuestro país. ¡Ciento doce!… y contando.

Se dice fácil. Se oye fácil. La noticia penetra nuestras conciencias y se va haciendo huésped habitual en nuestra “natural” visión del mundo. La carnicería continúa sin que los conductores de noticias parezcan asombrados o conmovidos, ni siquiera preocupados. El horror se adueña de nuestras precarias vidas.

Exhiben algunas televisoras -otras censuran el balazo– las imágenes de cómo le disparan en la cabeza al ex alcalde de Piedras Negras, Coahuila, Fernando Purón Johnston, prácticamente saliendo de un debate como candidato a diputado federal en el que se pronunció “de manera enérgica” -dicen los conductores de noticias de la tele- contra el crimen organizado.

Eso le pasa a un político que quiere confrontar a los criminales, parecen sugerir quienes están, también, expuestos a que los masacren, porque la cuenta de políticos ultimados aumenta día con día, ¡pero también la de los periodistas!

¿Quién se hace responsable? Los burócratas se justifican: “rechazó la seguridad oficial que le ofrecimos”, como si su obligación primordial no fuera brindarnos seguridad a todos, especialmente a las potenciales víctimas por el riesgo inminente derivado de sus actividades profesionales. En el caso de Purón Johnston era del conocimiento público el riesgo que corría por boquiflojo. Por andar instigando -al menos verbalmente- a los criminales. Así que el gobernador no tiene forma de justificarse.

El Presidente de la República sigue inmerso en su burbuja artificial, donde burócratas acarreados le aplauden todos los días sus ocurrencias, sus chistes, sus baladronadas sobre “lo bien que va el país”, sobre cómo los pesimistas sólo nos fijamos en lo malo.

Ayer volvió a la carga en gira por Baja California. Dijo que “cuando sólo se dispara contra uno (desafortunada expresión en el contexto del asesinato de su correligionario Purón Johnston), poco se reconocen los logros que tenemos como nación, producto del trabajo de toda la sociedad que ha contribuido a escalar en condiciones de mejor bienestar”.

No hay ninguna voz de las altas esferas gubernamentales que se levante para blindar el proceso electoral, armando a toda la gente que acompaña a los candidatos, por ejemplo, o emprender cualquier otra medida drástica que frene de una vez por todas la tragedia que se desarrolla en México y que puede ser el preludio de un nuevo magnicidio.

Justo un día antes de que mataran a Colosio, en estas mismas páginas -que entonces no se llamaban “Notiguía“, sino “Montaje: Información Express“-, escribí lo siguiente: “Salinas ya está harto de los discursos populistas de Colosio. Todo indica que lo va a enfermar. Lo va a retirar de la contienda…”

Al día siguiente lo mataron en Lomas Taurinas y la Secretaría de Gobernación me mandó pedir -algunos días después- una copia de lo que había escrito.

La nota roja, que en tiempos de nuestros padres era una sección minúscula de las redacciones de prensa, explotada por voceros callejeros de los medios amarillistas, ahora se ha apoderado de las primeras planas y del Teaser de los noticiarios televisivos y radiofónicos. La desgracia se enseñorea en la prensa mexicana.

Una tras otra, las notas de sangre desplazan a cualquier tipo de información política, social, económica, cultural o científica en un México abandonado a su suerte, sin gobernabilidad, con un presidente a cargo de un Estado por completo fallido.

No hay manifestaciones masivas ante la indolencia criminal de las autoridades responsables de la seguridad pública en nuestro país. No hay siquiera declaraciones fuertes de los candidatos presidenciales, exigiéndole al Jefe del Ejecutivo que pare cuanto antes la matanza de políticos y periodistas.

Se va generando sin que nada ni nadie parezca interesado en detenerlo, un clima propicio para el magnicidio.

 

Si el Estado Mexicano es incapaz de proteger a los pobladores de este país. Si observa con indolencia cómo matan a diario a políticos y a periodistas, al menos que garantice la protección de los candidatos presidenciales, independientemente de que estos la pidan o la rechacen. Es su obligación irrenunciable. Es su absoluta responsabilidad penal e histórica, y no puede don Enrique Peña eludirla de ningún modo. ¿No cree usted?

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