Estás aquí
Futbol y Política: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Deportes Destacadas Editorial 

Futbol y Política: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Juan Carlos Osorio tiene una misión: que la selección fracase y la gente se desanime

 

Si la Selección Mexicana de Futbol llegara -por alguna rara casualidad- a desempeñar un papel decoroso en el Campeonato Mundial de Rusia, no será gracias a la desastrosa labor del colombiano Juan Carlos Osorio, sino a un eventual esfuerzo -casi heroico- de improvisación de nuestros estupendos jugadores, a los que Osorio simplemente ha tratado de castrar a lo largo de cuarenta y tantos “partidos de preparación”, eufemismo con el que el megalómano personaje ha intentado desarticularlos como equipo, para dar un espectáculo de rotación interminable de jugadores totalmente desconectados, aislados, humillados por el entrenador más autoritario que haya tenido la Selección Mexicana de Futbol.

Osorio es un ególatra que quiere todos los reflectores sobre sí mismo, no sobre los jugadores. Trabaja con ahínco para ser el único líder y que todos los periódicos y televisoras hablen más de él que del equipo. ¿Qué alineación presentará hoy? ¿Qué jugadores quedarán fuera? ¿De qué ánimo amaneció el entrenador?, se preguntan algunos de los cronistas deportivos que contribuyen con esa traición al futbol mexicano con fines políticos perfectamente disimulados.

No se necesita ser un experto en el deporte más popular del mundo para saber que un buen equipo debe estar cohesionado en torno a un líder principal -y otros secundarios- dentro de la cancha, y que estar rotando a los jugadores no puede traer sino desgracia, porque se obstruye el buen funcionamiento en el terreno de juego, independientemente de los caprichos del entrenador en turno, cuya principal misión sería facilitar la creación de esos liderazgos, ¡no impedirlos! como es el caso de Osorio.

México cuenta con varios jugadores que pueden asumir potencialmente el liderazgo. Habitualmente se les nombra capitanes del equipo. Son varios y pasan por buenos momentos en equipos extranjeros. Se me ocurren Tecatito Corona (en mi opinión el mejor de todos -pero parece que Osorio ya logró su objetivo de convertirlo en “ratoncito verde”), “El ChuckyLozano, El Chícharo Hernández, Andrés Guardado, Carlos Vela, Héctor Herrera, Marco Fabián, más algún otro.

Cualquiera de ellos podría ser el líder que pide a gritos nuestra Selección. Pero con su eterna rotación, Osorio ha roto toda posibilidad de que se consolide liderazgo alguno. El cuadro básico debería ser inamovible, porque sólo así se lograría un equipo integrado y funcional, pero sobre todo, con capacidad no de jugar bonito, sino de meter goles.

Si un gran jugador como el Tecatito, o cualquiera de los mencionados, mete un golazo en el primer tiempo y al segundo lo saca el entrenador, el jugador queda totalmente desconcertado y la siguiente vez que por puro y simple capricho Osorio lo ponga en la cancha, él no sabe qué es lo que tiene que hacer para que se le reconozca como un líder potencial, que implica el respeto y reconocimiento de sus compañeros, lo que le afirmaría el ego para seguir tejiendo sus hazañas futboleras.

La misión de Osorio es sembrar desconfianza e inseguridad en magníficos jugadores que lo que requieren es respeto y continuidad en el terreno de juego, no que se les someta a un circo de humillaciones a su amor propio. El improbable día en que un entrenador de la selección Argentina dejara en la banca a Messi, sería arrojado desde la catarata más alta de Iguazú o congelado en el Glaciar Perito Moreno.

Todo jugador líder tiene un ego hipertrofiado. Y el entrenador tiene la obligación de preservarlo porque es la herramienta fundamental que lo lleva a concretar sus grandes jugadas, basadas en una absoluta seguridad en sí mismo. No hay peor afrenta para un jugador que lucha por asumir el liderazgo de sus compañeros que lo humillen retirándolo del juego o simplemente no alineándolo. Osorio ha destruido toda posibilidad de que alguno de nuestros grandes futbolistas se eche a cuestas al equipo para que todos den lo mejor de sí mismos.

¿Por qué escogieron un entrenador así?

La respuesta a esa pregunta tiene un fondo político. México, a diferencia de la época de los grandes triunfos de Hugo Sánchez, cuando sólo había un gran jugador mexicano brillando intensamente en la escena internacional -a quien por cierto masacraron entrenadores, cronistas deportivos y público en general por “ególatra”- cuenta ahora con un buen número de líderes potenciales que podrían llevar a la selección al anhelado quinto partido e incluso más, pero ello tendría implicaciones políticas desastrosas para el sistema, donde priva un ambiente de rechazo total a la política neoliberal que nos ha traído miseria y desgracia en materia de seguridad.

Un pueblo como el mexicano, sometido a un brutal autoritarismo desde la familia, la escuela y los medios de comunicación, detesta a un “vanidoso” como Hugo Sánchez, cualidad que por cierto le permitió superar el racismo de los españoles y lograr sus espectaculares hazañas.

De hecho, la única diferencia en el desempeño del futbol mexicano respecto del argentino, por ejemplo, es que mientras al pedante insufrible de Maradona lo endiosan, a Hugo Sánchez lo quemamos en leña verde.

Osorio cumple una tarea que sólo la genialidad de nuestros magníficos jugadores podría romper: llevarnos al más grande fracaso con un grupo desarticulado de excelentes jugadores que se la rifarán en fechas coincidentes con la elección más trascendente de nuestra época contemporánea. El objetivo es lograr una nueva decepción que castre, a su vez, el anhelo ciudadano por un verdadero cambio de gobierno que la alegría de un buen papel en el Mundial estimularía sin lugar a dudas.

Ése es el papel que juega el peor entrenador del mejor equipo de nuestra historia. Por eso los dueños del futbol mexicano, los más adinerados del país, lo han mantenido en esa posición, a pesar de su escandalosa ineficiencia. Más que el negociazo del fútbol -que de cualquier modo se mantiene- les interesa la continuidad en materia política.

También te puede interesar: