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No es lo mismo ser “viejo” que senil: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Andrés Manuel López Obrador Elección presidencial Nacional 

No es lo mismo ser “viejo” que senil: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Ciro Gómez y su elixir de la eterna “jumentud”

 

El hecho de que Javier, “El PorroLozano, se haya retractado y ofrecido disculpas por el video que retuiteó donde se plantea que López Obrador, por el simple hecho de su edad “avanzada”, no está capacitado para dirigir el país, habla del tamaño de su metida de pata.

Lozano no es hombre que se disculpe o reconozca sus inauditas fallas. Pero en este caso de “ancianismo” o “senilismo” descarado (términos derivados del sexismo y el racismo), de plano se le vino el mundo encima y tuvo que recular. No así Ciro Gómez que se burla esta mañana, con su patiño insufrible Manuel Feregrino, de quienes repudiamos esa forma cobarde de discriminación por la edad.

El colmo es que Ciro, quien está a punto de cumplir 60 años, use la tierna rola de los Beatles “Cuando tenga 64 años”, para detractar a quienes protestaron por la estúpida arremetida del porro ex panista al servicio ahora de la causa aparentemente perdida de José Antonio Meade.

Todos los seres humanos, sin importar el sexo, el color de la piel, la nacionalidad, la condición económica o sociocultural, o cualquiera otro factor de naturaleza física o intelectual, estamos condenados -como el resto de la fauna y flora del planeta, es decir como el resto de la materia viva-, a fenecer, a caducar.

Mientras no se invente el elixir de la eterna juventud (jumentud en el caso de Ciro y sus amigos) los humanos debemos prepararnos para afrontar nuestra propia muerte conforme a los principios que nos dicte nuestra conciencia, siempre influenciada por recetas de tipo religioso, filosófico, científico o de “sabiduría popular”. En algunas culturas, el anciano que ha vivido para acumular experiencia y sabiduría es respetado hasta extremos que lo ubican como el dirigente comunitario por excelencia.

En otras formaciones sociales, como la mexicana, el anciano es discriminado, maltratado, extorsionado y abandonado a su suerte, sin importar el aporte que haya hecho a lo largo de su más o menos fructífera vida, para el bienestar de sus descendientes.

El tiempo, en este caso la edad, puede inexorablemente llevarnos a un proceso de deterioro físico y mental. Ello depende, en parte, de los hábitos practicados durante toda una vida de ejercicio y productividad en el trabajo.

Un ser humano sometido a una labor rutinaria y poco creativa a lo largo de varias décadas, generalmente quedará pasmado y sin mucho que aportar en su jubilación. Muchas personas, independientemente de su edad, pueden estar destinadas a una suerte de obsolescencia por razones de enfermedades diversa, como el Alzheimer.

Pero hay ancianos que cultivan a lo largo de su vida una disciplina de pensamiento y estudio que les hace culminar, como en el caso de los buenos vinos, una vida en las mejores condiciones para aportar con su lucidez, combinada con la experiencia, los mejores consejos para el devenir social de sus descendientes. A eso es a lo que deberíamos aspirar todos, llegar a la vejez con la cabeza lúcida y el corazón optimista. Ser dignos portadores del por cierto viejo dicho más sabe el Diablo por Viejo, que por Diablo.

Lo que hizo Ciro Gómez Leyva esta mañana, de ponerse más papista que el Papa al burlarse de quienes se ofendieron por el desplante discriminatorio de Javier Lozano contra López Obrador por su edad, y encima hacerlo usando con vileza la maravillosa rola de los Beatles, habla del grave deterioro de un comunicador que debería pasar a retiro no por su relativamente avanzada edad -es apenas 4 años menor que López Obrador-, sino por su senilidad de pensamiento, cargado de odio hacia un personaje que no cuadra con su ideología anquilosada.

Ciro es 7 años más joven que quien esto escribe. A mucho orgullo cumpliré en diciembre 68 años. No he logrado y probablemente nunca lo haré, el éxito profesional que él ha alcanzado, en sus términos de fama y fortuna al menos. Pero estoy seguro que he de afrontar el inexorable asunto de la muerte con mucho mayor orgullo y tranquilidad espiritual que él. Por lo pronto, yo no le he vendido el alma a nadie.

 

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