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Carlos Marín, el hazmerreír en debate con Anaya: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Reforma Educativa 

Carlos Marín, el hazmerreír en debate con Anaya: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Esteban Moctezuma pone los puntos sobre las íes de la “Reforma Educativa”

 

¡¿En serio te vas a poner a defender a Emilio Lozoya por el escándalo de Odebrecht?!, le pregunta asombrado y con una risita burlona apenas disimulada en su rostro de niño travieso, Ricardo Anaya a Carlos Marín, quien insiste a grito pelado en que no hay acusación alguna en México contra el ex director de Pemex que recibió cerca de diez millones de dólares por cuenta de la empresa corruptora brasileña más famosa de la historia. Su punto, que lo acusaron en Brasil, no aquí.

Nadie daba crédito. Marín era el hazmerreír en ese momento de todos sus colaboradores en Milenio TV: Azucena Uresti, Juan Pablo Becerra, Carlos Puig, Jesús Silva y “el doctor” Héctor Aguilar Camín, único distinguido por él con el título nobiliario, como si los demás carecieran de esos méritos académicos.

El Chico Maravilla se encontraba muy aaguussto. En su mero mole. Pudo rebatir, uno a uno, todos los cuestionamientos de la “Trituradora de Milenio” como insistió en calificar a la pandilla mal comandada por el tipo del bigotito ridículo, sin perder en absoluto la calma y el buen humor. Francamente se lució y dejó ver con claridad que no es un traicionero, que no ha cometido delitos, que ser rico no es un pecado -a menos que tu fortuna haya sido mal habida-, que no ha concretado ni lo hará en el futuro acuerdos en lo oscurito con Enrique Peña, que no pasó por encima de nadie, que está abierto a negociar con Margarita Zavala, a quien respeta y saluda, que su gobierno será incluyente, que tiene planes muy concretos y creíbles para abatir la inseguridad y, en fin, que puede ser una alternativa interesante si el sistema acaba por destruir, nuevamente, la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

La trituradora de Milenio terminó triturando a su coordinador, el nefastito y reaccionario Carlos Marín, el que se abstuvo de correr -como lo ha hecho con otros ex colaboradores- a Ricardo Alemán y tuvo que esperar a que “El Pastor” renunciara a su columna de milenio Diario para no perjudicar a su padrino y protector.

Por su parte, Ciro Gómez Leyva, otro protector de la línea editorial del Pastor Alemán (quien conserva -hasta donde se sabe- su millonaria chamba en TV Mexiquense, para vergüenza del proyecto original de don Alfredo del Mazo González), invita en el estudio de Telefórmula (Por la Mañana) a Esteban Moctezuma, quien presumiblemente ocuparía la cartera de Educación en el eventual gobierno de López Obrador, minutos después de un debate estéril en Despierta, donde Jesús Cantú, como tantos otros panelistas antes que él, fue incapaz de confrontar con éxito los embates de los representantes de los demás candidatos sobre la postura real de López Obrador en materia educativa,

Moctezuma puso algunos puntos sobre las íes y le abrió los ojos a un Ciro Gómez Leyva, empecinado en atacar a AMLO por todos los frentes y muy especialmente hoy, Día del Maestro, en la confusión sembrada por medios maliciosos, pero también por una mala política de comunicación de Morena sobre si cancelará o no la Reforma Educativa del Peñismo.

Andrés Manuel dice una cosa y el documento que presentó dice otra, acusa el prominente dirigente de “La liga de la Docencia”, Ciro Gómez Leyva, liderazgo que parece compartir con Carlos Loret de Mola, Claudio X. González y los voceros de la “sociedad civil” reaccionaria que les acompañan, como Alexandra Zapata.

Con aplomo, Esteban Moctezuma le responde: Una cosa es leer el documento y otra “ler”, en alusión al paupérrimo discurso engañabobos de Aurelio Ñoño, empeñado en defender el más ridículo planteamiento de “reforma educativa” que se haya hecho quizá en la historia de la humanidad, porque cualquiera sabe, al parecer excepto el Sr. Nuño, que primero se capacita, y luego se evalúa- No al revés.

En primer lugar, sólo a la burocracia neoliberal impuesta y mantenida mediante fraudes sucesivos durante 30 años en México, ensoberbecida en su ejercicio omnímodo del poder, autora de la desgracia de inseguridad que vive el país, se le puede ocurrir plantear una “reforma educativa” sin el concurso decidido y convencido de los maestros.

En segundo lugar, sólo un auténtico burro puede poner la evaluación (no diagnóstica, sino punitiva) antes del proceso de capacitación del magisterio en los nuevos rumbos que habría de tomar la presunta “reforma”.

Y sólo francamente un idiota puede aplicar exámenes diseñados para evaluar “conocimientos” o “habilidades” propias de un paradigma memorístico y enciclopédico -que se dice será sustituido por otro radicalmente distinto- a maestros a los que presuntamente se les capacitará para un nuevo modelo como el de “aprender a aprender”, lo que equivale, lo he dicho aquí en repetidas ocasiones, a poner los bueyes detrás de la carreta.

Pero Esteban Moctezuma lo resume en una frase memorable que pinta al demagogo Aurelio Nuño de cuerpo entero: los exámenes aplicados masivamente, en galerones llenos de computadoras, no en el salón de clases, podían ser aprobados fácilmente por maestros que golpean a sus alumnos.

Esteban Moctezuma parece tener muy claras estas limitaciones de la mal llamada “reforma educativa” del peñismo y también parece comprender que la intención chuayffetiana de evaluar a los docentes bajo el cobijo de una “reforma educativa” que incluía meter a la cárcel a Elba Esther Gordillo, al tiempo que se levantaba un indispensabilísimo censo escolar (para tener una vaga idea de cuántos de los maestros inscritos en la nómina realmente daban clases), llevaba la intención, largamente acariciada por el destacado político mexiquense, de poner en su lugar a la maestra que traicionó al PRI.

Elba fue impuesta sobre su mentor, Carlos Jonguitud, como parte del golpe mediático que dio Carlos Salinas de Gortari para obtener -junto con El Quinazo– legitimidad luego del atraco electoral del 88.

A Elba se le permitió comandar un ejército de operadores políticos inscritos en la nómina magisterial pero que estaban “comisionados” -así se decía- en los procesos electorales al servicio del PRI. Estos falsos maestros eran los encargados de diseñar y perpetrar el cúmulo de marrullerías con las que el PRI robaba elecciones: Operación tamal, Ratón loco, Urnas embarazadas, Carrusel y toda la gama de la riquísima picaresca priista para desvirtuar “in situ”, lo resultados de los comicios en favor del PRI.

Pero en el 2000, Elba traicionó al PRI y se sumó a las filas del foxismo. De hecho, junto con Jorge Castañeda -el ahora flamante anayista- era el pilar ideológico de un muy limitado candidato ranchero a la presidencia. Luego Elba puso el aparato electoral del fraude -financiado todavía con la nómina del magisterio- al servicio de Calderón y finalmente de ella misma, con su partido “Nueva Alianza“, lo que terminó de definir la confrontación entre ella y Chuayffet en la Cámara de Diputados.

Peña le cobró esa traición a Elba -quien además había apoyado a Eruviel Ávila y no a Alfredo del Mazo en la sucesión del mexiquense- nombrando a su archienemigo Emilio Chuayffet en la Secretaría de Educación.
Como de costumbre, don Emilio no se anduvo por las ramas y convenció a Peña de dos cosas: meter a la cárcel a la corrupta maestra, por un lado, y diseñar una dizque reforma educativa que en realidad perseguía la meta de deshacerse de todos los operadores electorales del elbismo inscritos en la nómina. Era impensable realizar esta delicada tarea con la maestra en libertad de organizar y comandar la revuelta de los pseudomaestros.

Lo que se le ocurrió a Chuayffet para no balconear que el priismo alentó la incorporación de miles de operadores políticos en la nutrida nómina del magisterio durante años, específicamente para que perpetraran fraudes electorales, fue disfrazar de reforma educativa de gran calado la intención simple de evaluar quiénes daban clases y quiénes no. Quiénes tenían una mínima capacidad para hacerlo y quiénes no. Esa era la mejor forma de deshacerse de los porros magisteriales de manera discreta.

Así fue que empezaron las manifestaciones violentas en los primeros años del peñismo no de maestros verdaderos, sino de eso porros que se negaban a ser expulsados de la nómina a la que habían pertenecido durante largos años y en la que pensaban incluso jubilarse. Así fue que empezó también la rebelión de los auténticos maestros de la CNTE que también eran amenazados con expulsión porque el autoritario Nuño no estaba de acuerdo con sus planteamientos avanzados en materia pedagógica.

Pero, y esto es muy importante aclararlo, la Reforma Educativa de Chuayffet no era nada más una venganza contra la traición de Elba Esther Gordillo, era también una necesidad derivada de la evolución de las técnicas del fraude electoral. En la medida en que el escenario del fraude se fue desplazando de la ubicación de las urnas, a la manipulación cibernética, en esa medida los operadores electorales del elbismo fueron haciéndose obsoletos.

Conforme se consolida la tercera y avanza la cuarta revolución industrial -como algunos gustan llamar al imparable proceso de digitalización y robótica que nos invade- los operadores burdos del fraude “in situ” fueron sustituidos por sofisticados operadores digitales para efectuar el fraude “in vitro”. El ejército de Elba estaba condenado, de cualquier manera, a pasar a retiro.

 

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