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El vocero presidencial, Eduardo Sánchez, y la madre patria: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Elección presidencial Seguridad 

El vocero presidencial, Eduardo Sánchez, y la madre patria: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

El Estado mexicano, ¿cómplice de la incontenible violencia política?

 

En entrevista mañanera con Ciro Gómez Leyva, el presidente del PES, Hugo Eric Flores Cervantes, denuncia que el Estado mexicano ha hecho caso omiso de las peticiones de ese partido, aliado de Morena, para brindar seguridad a sus candidatos y que en algunos casos se ha presentado la solicitud desde hace más de un mes, sin que haya ningún tipo de respuesta.

Esta denuncia es sumamente grave y podría estar indicando que la campaña del miedo que despliegan los diversos candidatos del oficialismo contra Lopez Obrador, ante la mirada impávida de la autoridad electoral, podría estar respaldada creando las condiciones, desde el poder formal, para que el crimen organizado haga su parte en el enrarecimiento del clima político del país, a efecto de infundir miedo en el electorado, con el propósito perverso de beneficiar a los candidatos del oficialismo.

Carlos Loret de Mola planteó hace unos días en su columna de El Universal que la cuenta de aspirantes asesinados desde noviembre del año pasado, rebasa ya las 90 ejecuciones, lo que constituye quizá el récord más grave de violencia política en el país desde la Revolución Mexicana.

Al 97% de impunidad en los casos de violencia criminal a secas, hay que agregar ahora, entonces, el altísimo índice de asesinatos políticos que el Estado mexicano tenía la obligación de prever y contener, pero que intencionalmente tolera e incluso alienta al hacerse de la vista gorda ante peticiones expresas de opositores para resguardad su seguridad.

En tal contexto, el desbordamiento electorero del vocero Presidencial Eduardo Sánchez, quien un día se mete en el proceso electoral y al otro también, y que acaba de declarar que no debe fomentarse la violencia política, a propósito de deslindar al Gobierno Federal del tuit criminal del rabioso periodista Ricardo “El Pastor” Alemán, no tiene límites.

Ayer, por ejemplo, Sánchez tuvo la desfachatez de justificar la inversión gubernamental en el proyecto del Nuevo Aeropuerto texcocano en términos -como argumenta el destacado columnista de La Jornada, Carlos Fernández-Vega, en su famosa colaboración “México SA“-, de que es “altamente rentable” para el Estado, cuando él representa al último gobierno de la tanda de mandatos neoliberales que, desde 1982, se avocaron a desmantelar y vender a la iniciativa privada más de mil empresas paraestatales que significaban gigantescos negocios para la nación y que ahora han hecho inmensamente ricos a los beneficiarios de esa privatización compulsiva del Estado neoliberal.

Desde esa fecha, la pandilla neoliberal mexicana abdicó de su función esencial reguladora de la economía y obsequió a sus amigos inversionistas las empresas paraestatales en rubros tan rentables y estratégicos como el acero, minas, banca, astilleros, líneas aéreas, cemento, abasto popular, ferrocarriles, carreteras, satélites, petroquímica, telecomunicaciones, gas y lo que se quede en el tintero, hasta llegar a la meta: petróleo y electricidad.

Fernández-Vega pone como ejemplo de la desgracia que ese desmantelamiento masivo de empresas paraestatales significó para el pueblo de México, en beneficio de un puñado de empresarios, el caso de la privatización bancaria:
“ingresaron alrededor de 12 mil millones de dólares por su reprivatización, y los mexicanos terminaremos pagando más de 100 mil millones de billetes verdes por su rescate. ¡Y la banca ni siquiera es nacional!”.

Miguel de la Madrid, “el primer padre modernizador -explica Fernández-Vega– recibió mil 155 entidades paraestatales. 32 años después, sólo restan 75 empresas -y descontando-, de participación estatal mayoritaria (siete de ellas en proceso de desincorporación), que incluyen a las subsidiarias de Pemex, la banca de desarrollo, las administradoras portuarias integrales, los centros de investigación de Conacyt y Fonatur y a partir de las 11 horas de hoy, Pemex y CFE dejaron de ser entidades paraestatales”.

 

Escudado en su torpe vocero, el presidente Peña, acaso el último “hijo modernizador” del neoliberalismo salvaje, omite mencionar el nombre del candidato al que promociona, “para eludir cualquier sanción del INE, pero ya saben ustedes a quién me refiero”, dice con la picardía de quien muy bien podría haber plagiado mucho del pensamiento de Miguel de la Madrid en su tesis profesional de licenciatura, como lo apunta el trabajo realizado por una de sus periodistas víctimas, Carmen Aristegui.

Muchas felicidades a las madres -aunque ya sabemos que no tienen- de los protagonistas de este saqueo de la nación.

 

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