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Control de daños: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Elección presidencial Nacional 

Control de daños: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Hablemos claro

 

José Antonio Meade no levantó en el debate y dejó pasar lo que todos coinciden era su última oportunidad para un repunte espectacular que le permitiera mantenerse en la pelea. Su descoordinador Aurelio Ñoño sigue repartiendo generosos besos del Diablo, es decir, echando lodo a López Obrador, lo que termina ayudando al Peje a mantenerse en el ánimo ciudadano a pesar de su desastroso papel en el debate. No entiende nada el ex secretario de Educación. No sabe “ler” los mensajes de la gente.

Aurelio y el Chapitas Eruviel Ávila (si es que toman en cuenta su opinión -lo que dudo mucho-) ponen al Yo Mero a regatearle unos depas a López Obrador y terminan haciendo el ridículo, porque el Wall Street Journal ya había tenido que ofrecer disculpas por enredarse en el mismo asunto. Le dan innecesariamente la oportunidad a López de decirle “ternurita… te quedaste con las ganas”.

Anaya sigue creciendo en las preferencias ciudadanas por la sencilla razón de que fue el único con un desempeño a la altura de un debate presidencial. Podría haber dicho muchas mentiras, pero las sustentó con convicción y habilidad mediática, ¡y eso es lo que cuenta en un debate!

Así que Meade está muerto y tendría que ser relevado si el PRI desea recuperar su posibilidad de disputar el segundo lugar, condición sine qua non para lograr un posible triunfo haiga de ser como haiga de ser.

¿Quién puede sustituir a Meade con una relativa capacidad de repunte en tan poco tiempo?

El único gladiador capaz de semejante hazaña se me ocurre que podría ser Manlio Fabio Beltrones, siempre y cuando se le permita ejercer durante el resto de la campaña una dura, inmisericorde crítica al desempeño gubernamental peñista, “bienintencionado, pero garrafalmente fallido en temas como corrupción, impunidad y seguridad pública”.

Peña debe entender que su tremenda impopularidad terminó matando al candidato Meade porque Ñoño le impidió enderezar una feroz autocrítica como única forma de eludir la influencia negativa del peñismo sobre su anodina campaña. O en su infinita simpleza Ñoño pensó que con destapar a un “no priista” era suficiente para mantenerlo a salvo de la debacle priista, o en su torcida mala leche dirigió el barco de la campaña intencionalmente al desastre para ser nombrado como relevo. El tiempo lo dirá.

En cuanto a López Obrador, tendrá que avisparse mucho para el próximo debate si no quiere ser rebasado por el Chico Maravilla, o demostrar en la práctica que en realidad no le interesan los cargos públicos, sino la lucha por un proyecto alterno de nación y, en consecuencia, ceder el paso a alguien como Tatiana Clouthier, mucho más capacitada que él para dar la pelea en los debates por venir. La Patria es primero.

 

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