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El discurso de Odio de Amargadita Zavala: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Elección presidencial 

El discurso de Odio de Amargadita Zavala: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Ultimátum a Meade: o repunta, o lo sustituyen después del debate

 

Dice el columnista Salvador García Soto (Serpientes y Escaleras de El Universal) que ya le pusieron Peña y el PRI un ultimátum a José Antonio Meade: O repunta en las encuestas después del primer debate del próximo domingo, o una de dos, será sustituido, o se instrumentará un pacto para apoyar a Ricardo Anaya, único candidato en posibilidad de alcanzar el principal objetivo del prianperredismo, consistente en evitar a toda costa y haiga sido como haiga de ser, que López Obrador llegue a la Presidencia.

En realidad, García Soto no ha percibido que la segunda opción -la de adoptar a Anaya como sustituto de Meade– ya está en marcha y se acordó en la fiesta de cumpleaños de Carlos Salinas de Gortari con el Jefe Diego, como planteamos aquí -por el comentario que nos hizo Daniel Serrano en una entrevista previa- la semana pasada.

Esta opción de que el PRI y sus aliados respalden al Chico Maravilla, constituye la versión actualizada del Amasiato prianista (Peña-Calderón) y se manifiesta de manera discreta, pero efectiva, con la controvertida e ilegal decisión del TEPJF de incorporar al Bronco en la boleta, con la intención inequívoca de restarle votos a López Obrador.

Pero sobre todo la versión reloaded de “El Amasiato” queda en evidencia con el dictamen del propio Tribunal en el sentido de que “la PGR violentó los derechos de Anaya” al difundir el video donde Diego Fernández de Cevallos les llama hijos de puta a los funcionarios que los atendían cuando fueron a solicitar claridad sobre las presuntas investigaciones en contra de Anaya por lavado de dinero, como lo señalábamos aquí el viernes.

Al descalificar a la PGR frente a Anaya, no solamente se exonera políticamente de cualquier acción de esta dependencia contra un candidato sospechoso de lavado de dinero, sino que se le faculta para impugnar cualquier ataque institucional en su contra, hasta el grado de habilitarlo para solicitar la anulación de los comicios.

Ello es independiente de que Meade pueda o no ser sustituido, muy probablemente por su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, pero no se haría con la expectativa de que repunte la candidatura del PRI, sino de que Nuño sea más eficaz para restarle votos a López Obrador en favor de Anaya. Meade ha sido tan mal candidato con sus cantaletas repetitivas y aburridas, rematadas con una sonrisa más fingida que las chapitas de Eruviel, que es muy probable que sus críticas continuas contra López le aumenten, en vez de restarle simpatías.

 

¿De dónde salen los recursos para la campaña de Amargadita Zavala?

Felipe Calderón acude muy alegre -y con las sonrisitas típicas de la euforia de la primera fase de la intoxicación alcohólica-, al estudio de Carlos Loret de Mola a defender a su esposa y su política de guerra contra las drogas. Dice que renunció a su pensión presidencial desde hace un año y, sin embargo, ha donado millones de pesos a la campaña de Amargadita, quien no trabaja pero se da el lujo de renunciar también a los recursos públicos que la nación les otorga a los candidatos, precisamente para que no tengan que depender de dinero privado que puede provenir incluso del narco. Entonces, vale preguntarse ¿de dónde sale el dinero que gasta Amargadita en su campaña?

No puede ser más claro que los actores de esta contienda se están alineando, uno a uno, para combatir al puntero López Obrador, lo cual no debe extrañar mucho por tratarse del líder absoluto en las encuestas. Aquí sólo lo planteamos como un análisis frío de lo que se observa, como el hecho de que el único que puede sacar provecho de este linchamiento puede ser Ricardo Anaya, quien se presenta ahora -ya libre de embates del Estado que, lejos de minarlo, lo hicieron crecer- como un conciliador que lamenta los enfrentamientos de López Obrador con sus contrincantes. Que exhorta a desechar la violencia. Que capitaliza convenientemente la puesta en escena de un proceso electoral apegado a un guion en el que participan las instituciones electorales y hasta la PGR, evidentemente dirigido desde Los Pinos.

El escenario no puede ser más claro: Meade, ataca un día sí y el otro también a López Obrador, mencionándolo en casi todos sus discursos. El Bronco y Amargadita, también en coro mediático cotidiano contra El Peje, que seguramente se reproducirá durante el debate. Ésa es la tónica de la campaña presidencial que terminará favoreciendo a un Anaya “libre de culpa” y neutral entre las cada vez más feroces agresiones de todos contra López, al que no le queda más remedio que armarse de paciencia y esperar que la gente note las mentiras de la señora de Calderón, por ejemplo, quien dice ver un discurso de odio donde sólo se habla de amor y paz.

¿Les alcanzará?

Ya veremos.

 

 

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