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Golpe mortal del TEPJF al proceso electoral mexicano: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Elección presidencial 

Golpe mortal del TEPJF al proceso electoral mexicano: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

¿Qué hacer cuando la autoridad falla, cuando tuerce la ley en nuestras narices?

 

Con 58% de firmas apócrifas; 810 mil 995 firmas no encontradas en la lista nominal; 158 mil simulaciones de firmas y 205 mil fotocopias de firmas, El Bronco será, como dijo Ciro Gómez Leyva por la mañana, “el candidato presidencial del TEPJF“, presumiblemente para restarle votos a Andrés Manuel López Obrador ante el estancamiento irrecuperable del candidato oficial del PRI y sus aliados.

La decisión irrevocable del máximo tribunal electoral del país descalabra por completo cualquier aspiración democrática en un proceso viciado de origen, pues incorpora en sus boletas a un delincuente electoral reconocido como tal nada menos que por el Instituto Nacional Electoral. Pero por si ello no fuera suficiente para prender los focos de alerta ante el evidente sesgo de la autoridad electoral, ésta todavía se dio el lujo de forzar la entrada de El Bronco a la boleta con el increíble argumento de presumir o inferir que “El Bronco habría alcanzado el umbral de firmas exigido si se le hubiera permitido una revisión exhaustiva de las firmas“.

Mucho se habla en México de “fraudes electorales” y de “elecciones de Estado“, es decir, de aquéllos procesos comiciales en los que el gobierno, emanado de un determinado partido político, pone en juego, ilegalmente, recursos e instituciones públicas para favorecer al candidato de su partido. Pero pocas veces se está en condiciones de demostrar ante la Suprema Corte de Justicia y ante la opinión pública nacional e internacional, la evidente triquiñuela de una autoridad a todas luces predispuesta para el fraude en una de las elecciones más trascendentes en la historia del país.

¿Qué hacer cuando la autoridad falla, cuando tuerce la ley en nuestras narices?

¿A quién apelar? La historia demuestra que cuando la opresión de las autoridades se convierte en una tiranía, el pueblo está facultado para imponer, por la fuerza de su majestad soberana, el orden legal. Ello no significa “mandar al diablo las instituciones”, ni tampoco necesariamente recurrir a la violencia para restaurar un orden constitucional quebrantado por autoridades evidentemente al servicio de un partido político y no del ideario plasmado con grandes sacrificios en nuestro pacto social, la traición al anhelo democrático de un pueblo que confía y paga los salarios de quienes terminan clavándole un puñal en la espalda.

Por lo tanto, me permito recomendarle a Andrés Manuel López Obrador que no vuelva a cometer el error de las dos ocasiones anteriores, cuando de una forma similar a la actual se perfilaba una elección de Estado en su contra y se sentaban las bases para un fraude electoral. No caiga nuevamente en la trampa de participar en un juego con el terreno disparejo y reglas a modo para “derrotarlo”.

Fije sus propias reglas. Declare, por ejemplo, en una conferencia de prensa nacional e internacional, que cancela todos los actos de campaña, incluidos los debates que una autoridad complaciente con la delincuencia electoral ha organizado. Informe que, a partir de mañana, se sentará a las puertas del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y no se moverá de ahí hasta que este Tribunal acepte su malintencionado “error” de convalidar el fraude en el caso de El Bronco y, presumiblemente, en el de Margarita Zavala.

Use abierta e intensamente una estrategia de lucha similar a la de Mahatma Gandhi, perfectamente legal e inspirada en el principio inamovible de la no violencia. Deje de recorrer el país y restrinja su campaña a conferencias de prensa diarias en el lugar de su protesta a las puertas del TEPJF, para delinear sus estrategias de gobierno y educar al electorado en el purificante principio de la resistencia civil pacífica. No ceda un milímetro en la exigencia innegociable de que la autoridad electoral garantice una elección limpia.

Que todos los candidatos de Morena a gobernadores, presidentes municipales y legisladores, difundan por todo el territorio nacional la majestad de su lucha, estimulando una amplia cobertura internacional.

Déjese de recorridos compulsivos -de lo cual ya tuvo bastante- y experimente el poder inmenso de la pura y simple verdad, difundida masivamente en el extraordinario universo de la comunicación horizontal cibernética. Deje constancia de la grandeza moral de quien está dispuesto a ofrecer su vida por sus principios. Avergüéncelos -si es que todavía les queda un poco de conciencia- por lo que están haciendo. La huelga de hambre, típicamente gandhiana, por condiciones de edad y salud, la dejo a su criterio.

Si se deja pasar esta brutal arbitrariedad de perdonar el escandaloso fraude de “El Bronco” ¿con qué autoridad moral se reclamarán los fraudes por venir? No hay peor aberración que llamar “independiente” a un candidato impuesto por la propia burocracia electoral, a pesar de sus escandalosas trampas. ¿No cree usted?

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