Estás aquí
La “victimización” de Anaya, teatro oficial Elección presidencial Nacional PAN 

La “victimización” de Anaya, teatro oficial

Raúl Rodríguez Cortés / Gran Angular

 

Ha sido tan torpe la andanada emprendida por el gobierno contra Ricardo Anaya, que bien podría sugerirse que tiene tras de sí más de un objetivo estratégico. Cuesta demasiado creer que sean tan obvios.

El primer objetivo, que todos vemos en lo inmediato, es bajarlo a un tercer lugar en las preferencias electorales para que José Antonio Meade arranque la campaña desde una segunda posición que le permita enfocar sus baterías contra el puntero de Morena, Andrés Manuel López Obrador; o en caso extremo descarrilarlo para que quede fuera de la elección, lo que ya parece muy poco probable, aunque se compruebe que él y/o sus cercanos han lavado dinero en la compraventa de bienes inmuebles. En cualquiera de los dos casos se buscaría la ruptura del Frente PAN-PRD-MC para que sus votos se fueran hacia el candidato priista.

Y el segundo, por si fracasa el primero, es fortalecer a Anaya con la puesta en escena de una persecución judicial que ya le creó la imagen de víctima, de un perseguido político que enfrenta al gobierno corrupto como paladín antisistema y con amplias posibilidades, por lo tanto, de ganar la elección de julio, cuando en realidad es la cabeza del plan B de las élites para mantener el modelo económico y político que ha dominado al país durante los últimos treinta años.

Permítaseme consignar algunas razones que darían sustento a esta idea, que algunos considerarán descabellada, pero que proponemos para el debate.

Durante las pasadas tres décadas ha predominado un modelo de país, el de las reformas neoliberales. No se soslaya que en ese lapso México haya procesado dos alternancias democráticas: la que sacó al PRI de Los Pinos en 2000 y la que lo regresó en 2012. Pero los gobiernos panistas que protagonizaron esas alternancias no solo no cambiaron el modelo, sino que lo compartieron y profundizaron. Quien en estos años ha planteado un cambio de modelo, llamémosle aquí soberanista/nacionalista para diferenciarlo, ha sido López Obrador, primero con el PRD y ahora con Morena. Y sin que se pretenda determinar cuál modelo conviene más al país (el neoliberal ha quedado mucho a deber y el soberanista no lo hemos experimentado), hemos sido testigos de una amplia gama de pactos y maniobras del PRI y el PAN (PRIAN), para evitar la llegada al poder del proyecto AMLO. Esos pactos están vigentes o en proceso de actualización. Anaya, por tanto, no es el candidato antisistema, aunque ahora se quiera hacer ver así al sugerir que El Peje ya pactó con Peña Nieto para dar lugar al PRIMOR.

La realidad hoy es que AMLO está muy adelante en las preferencias. En el “cuarto de guerra” (o “cuarto de juegos”) del PRI —según me confiaron algunos de sus integrantes— reconocen como válida una encuesta en la que el candidato de Morena está catorce puntos arriba de su más cercano contrincante que es Ricardo Anaya. Y nada bien les debe haber caído el Poll Tracker publicado ayer por Bloomberg que da, como intención efectiva de voto 42.2% a AMLO, 27.4% a Anaya y 20.6% a Meade.

Este último tiene razón al recordar que es muy pronto para creer que la elección está definida: en la de 2000 perdió el puntero (Labastida), en la 2006 también (AMLO) y en las de 2012 ganó el que encabezaba (EPN), pero perdió 20 puntos. Cierto es que el sentido del voto puede cambiar frente a la urna e incluso hay instancias que faltaría recorrer como las impugnaciones y lo que parece inevitable: que el resultado sea definido por el Tribunal Electoral. Y en ese tramo puede ocurrir lo que me dijo uno de los banqueros hoy reunidos en su convención de Acapulco: siempre queda la posibilidad de patear el tablero. Eso preocupa, y mucho, a la magistrada presidenta del TEPJF, Janine Otálora, que observa cómo desde el INE no se cumplen algunas disposiciones de la ley (como la fiscalización de precampañas), que son causales de nulidad de la elección.

Pero no solo la adelantada posición de El Peje les quiebra la cabeza a los estrategas priistas, también el sólido avance que muestra Morena. En las elecciones federales de 2015, con solo un año de vida, obtuvo el ocho por ciento de la votación y se colocó como cuarta fuerza política en la Cámara de Diputados con 35 asientos (14 de mayoría relativa y 21 plurinominales). En 2016, obtuvo 32.87% de los votos emitidos para conformar la Asamblea Constituyente de la CDMX para consolidarse como primera fuerza política en la capital del país. En las estatales de 2017 estuvo a nada de ganar el Estado de México y compitió con bastante solvencia en Coahuila y. Nayarit. Hoy, con poco más de tres años de vida, las preferencias le dan grandes posibilidades de ganar la Ciudad de México, Morelos, Chiapas, Tabasco y hasta Veracruz.

Muchos analistas consideran que el sentido del voto lo determina cada vez menos la identidad con un partido y cada vez más el rechazo a otro partido, el del gobierno. En esa realidad parece anclarse la intención de convertir a Anaya en el candidato antisistema. Y en eso están. No sería, por cierto, la primera vez que el PRI recurriera al PAN para dar continuidad a un modelo compartido.

 

El Universal.- http://www.eluniversal.com.mx/columna/raul-rodriguez-cortes/nacion/la-victimizacion-de-anaya-teatro-oficial

También te puede interesar: