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Meade, deslindarse o no de Peña. That is the question: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Elección presidencial 

Meade, deslindarse o no de Peña. That is the question: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Josefina, con boleto directo al Senado ya saben ustedes por qué

 

Duras críticas recibe Germán Martínez Cázares por sumarse a la campaña de  Andrés Manuel López Obrador y aceptar una candidatura plurinominal al Senado por generosa ¿u oportunista? cuenta de Morena, pero pocos o nadie critican que Josefina Vázquez Mota perfile, con absoluto cinismo, su premio largamente cantado de ir al Senado a cambio de sacrificar, por segunda vez, su campaña en la disputa simulada por un puesto de primerísimo nivel.

En la primera ocasión, como candidata presidencial, las malas lenguas aseguran que su premio “por dejarse ganar” fueron los más de mil millones de pesos de dinero público otorgados a su organización privada Juntos Podemos. La segunda, cuando doña Jose se presentó, a regañadientes, como candidata a gobernar un estado que le producía “asquito”. El rumor -ahora muy probablemente confirmado- era que se le daría paso libre al Senado de la República si mandaba al tercer deshonroso lugar al panismo mexiquense.

En una larga entrevista con Ciro Gómez Leyva, Germán Martínez explica los motivos de su decisión, a saber, sumarse a la campaña del único candidato que, en su opinión, garantiza la reconciliación nacional ante la tragedia que vivimos los mexicanos, habida cuenta de que Andrés Manuel López Obrador le abrió las puertas de su casa -y de su proyecto- sin exigir absolutamente nada a cambio.

Gómez Leyva se quita la careta de periodista “objetivo” y “profesional” para poner en evidencia, nuevamente, su antilopezobradorismo exacerbado, al impugnar la decisión del todavía panista de corazón e insistir, francamente molesto, en la presunta inviabilidad de que conviva en el Senado y alce la mano junto a personajes como Gerardo Fernández Noroña o Martí Batres

Por su parte, a José Antonio Meade Kuribreña -como a Gerardo Ruiz Esparza, el secretario “Socavón“-, parece que se le fue nuevamente el tren y dejó pasar una gran oportunidad de marcar la sana distancia que su candidatura exige para recobrar aliento. El hombre parece no darse cuenta de que tiene que tomar las riendas de su campaña, con inexcusable urgencia, si realmente quiere mantener la posibilidad ya no digamos que de triunfo, sino al menos de figurar en la competencia y proyectarse como un hombre realmente capaz de liderar el país y no sólo de disciplinarse frente a otros.

Y ello significa para don Pepe, inequívocamente, lanzar un contundente “Yo mero” pero de a de veras y no sólo como spot publicitario, marcando un claro deslinde respecto de las tropelías y atrocidades que se han fraguado a la sombra del Peña-calderonismo, es decir, de un neoliberalismo salvaje en lo económico, complementado con un clima de terror e indefensión -en lo social- y de falta de certeza electoral, en lo político.

El candidato del Frente, Ricardo Anaya, sigue por su parte haciendo gala de su espléndida redacción de discursos, al asumir oficialmente la candidatura presidencial del frente de derecha-izquierda, pero le va a resultar difícil de remontar la dura campaña que le hace el dinosaurio priista -como dice- a dentelladas, para aniquilarlo; como también le va a resultar cuesta arriba conservar su presunto crecimiento electoral cuando El Bronco, Margarita Zavala y Armando Ríos Piter, comiencen sus respectivas campañas una vez superada la etapa de recolección y compra ilegal de firmas.

El neoliberalismo salvaje, impuesto a la nación mediante una dictadura disfrazada de democracia, con los típicos modelos de “alternancia fingida” del prianperredismo, ha puesto al país en una situación a tal grado peligrosa de descontento, que sólo mediante la reconciliación nacional -y no con el escalamiento represivo que perfila la Ley de Seguridad Interior-, podría evitar un grave descontrol por las circunstancias desoladoras en las que se nos obliga a vivir, o más bien morir, a los mexicanos.

Eso es lo que explica la actitud generosa de López Obrador que intelectuales de derecha disfrazados de liberales, como Krauze y Silva Herzog, califican de “oportunismo”. ¿No cree usted?

 

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