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La Pejestroika de Andrés Manuel López Gorbachov: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Elección presidencial Seguridad 

La Pejestroika de Andrés Manuel López Gorbachov: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

“México, el país más peligroso del mundo”: Donald Trump

 

Ayer debatieron nuevamente Yeidckol Polevnsky, Enrique Ochoa y Damián Zepeda, jefes de Morena, PRI y PAN, respectivamente, en el miniestudio de Joaquín López Dóriga, montado a la vieja usanza televisiva. Del agarrón que se dieron en diversos temas, retomo en este comentario el de la inseguridad, donde me parece queda reflejado el meollo de cada una de las visiones de los principales candidatos presidenciales.

Felipe Calderón logró la hazaña de anular la desigualdad social como el principal mal que aquejó a México desde tiempos inmemoriales. Desplazó ese cáncer secular a un impensable segundo término, al inaugurar la militarización disfrazada de “guerra contra el narco“, generando el nuevo azote que tortura al pueblo de México como una plaga incontenible, e indiscutiblemente el principal problema del México actual: la inseguridad.

De morirnos de hambre, pasamos los mexicanos a morirnos a balazos, como víctimas del asalto, el secuestro y la extorsión, debido a que las ansias prohibicionistas de un mandatario señalado en diversos medios como un borracho consuetudinario -pero con más prejuicios contra la marihuana que una monja-, desataron la diversificación de las actividades criminales de quienes antes restringían su campo de acción al tráfico de drogas, principalmente mota y cocaína.

 

El descabezamiento de los cárteles, celebrado a diario por el panista en interminables monólogos televisivos de autocomplacencia, traía consigo, como en la leyenda de la Hidra de Lerna, el surgimiento de nuevos liderazgos, cada vez más sanguinarios.

Enrique Peña Nieto ha logrado superar a su antecesor en dos sentidos: por un lado, intensificó el uso del Ejército y la Marina en tareas de seguridad, pero al mismo tiempo frenó la creación de policías capacitadas, dándole un carácter permanente e incluso tratando de legalizar la participación de las fuerzas armadas en esas tareas inconstitucionales. Por el otro lado, Peña introdujo el factor impunidad total al coctel de por si explosivo de un crimen organizado entre cárteles y burócratas policiacos y castrenses, dejando a la población civil en un completo estado de indefensión.

 

No importa cuántos llamados hagan organismos internacionales para frenar esta carnicería mexicana que todos los días reflejan los noticiarios locales con la mayor naturalidad del mundo, pero que en otros países ponen los pelos de punta. Ni siquiera naciones en guerra declarada formalmente sufren tantas bajas civiles como en México, país caracterizado ayer por el insufrible Donald Trump como “el más peligros del mundo”, quizá con dolorosa razón, al menos para los periodistas.

Al Presidente mexicano, sin embargo, parece no importarle mucho este flagelo que destroza familias, arruina vidas, carreras, patrimonios y genera un dolor indecible entre sus gobernados. Él sigue con su cantaleta interminable de unas reformas dizque “estructurales” que no han traído, hasta ahora, nada bueno para las desesperados habitantes, sólo más inflación, más burocracia inútil y depredadora, devaluación y menos oportunidades de bienestar.

En el enfoque contra la inseguridad, Meade y Anaya exhiben idénticas intenciones. De hecho sus respectivos partidos han construido esta pesadilla que vive el pueblo de México, con gobiernos sucesivos en los que se alternan en el poder y se cuidan mutuamente las espaldas, como lo revela el hecho de que no ha habido cárcel para ningún ex presidente mexicano, a pesar del devastador saqueo de las finanzas públicas en las diversas administraciones, o la naturalidad con la que un porro del panismo más rancio como el macartista Javier Lozano, puede incorporarse a la campaña del candidato del PRI, como su ¡vocero oficial!

Ahora bien, el enfoque de don Manuelovich -para estar a tono con el buen humor del candidato de Morena ante las obsesiones de Lozano de pasar de la guerra sucia a “la guerra fría”- es absolutamente incierto. Millones albergan la esperanza de que su Pejestroika, es decir, un proyecto más bien cultural que policíaco, donde se contemplen todas las posibilidades dentro del amplio espectro de paradigmas viables, incluso desde pensar en una eventual amnistía, resulte distinto y más eficaz que el modelo de militarización creciente puesto en práctica por Calderón y potenciado por Peña y presumiblemente por Meade o su eventual sustituto.

Pero el proyecto de Morena no está claro, y ni Yeidckol, ni el designado como eventual jefe de seguridad, Durazo (El Bueno), han sido hasta ahora capaces de cuajar en propuestas concretas. Se han dejado llevar torpemente por la maledicencia derivada del desliz declarativo de su precandidato sobre “la amnistía”.

Entre las propuestas dentro de ese espectro amplio del que habló López Orador debería figurar una que, a estas alturas del partido, resulta menos explosiva que la mentada amnistía y que abonaría mucho a la solución del problema: la legalización de marihuana (desatada ya en Estados Unidos) y cocaína, es decir, el fin de un prohibicionismo inventado desde los sesentas por Richard Nixon como pretexto para violar garantías y encarcelar, en fast track, a los jóvenes que protestaban contra la guerra de Vietnam.

Otra medida constitucional gringa que debería considerarse, aunque contra ella habría todavía mayores prejuicios, es la de armar al pueblo de México, tal como la enmienda constitucional de los Estados Unidos garantiza al pueblo norteamericano contar con los elementos suficientes y necesarios para defender por sí mismo su vida y patrimonio. ¿Quién mejor para defender al pueblo de los embates del crimen organizado, la impunidad y muchas veces la complicidad de las autoridades, que el propio pueblo?

López Obrador sigue empeñado en su concepto de Pejestroika, convencido de que “eliminando las causas de la criminalidad”, es decir, eliminando la pobreza y la desigualdad, automáticamente se resolverá el problema de la inseguridad, porque la gente en general es buena por naturaleza y si roba o mata es porque tiene hambre, como ingenuamente plantea en el debate de referencia Sor Yeidckol Polevnsky, confundida por completo en la diferencia entre amnistía y perdón.

Lopezovich dice que pondrá en su lugar a Trump y eso le suena muy bien a sus ciegos seguidores, pero no dice cómo. Para muestra de lo que un buen candidato, con ideas claras, tendría que haber declarado ayer, ante las histéricas insolencias de Mr. Trumpa, me permito citar al experto en seguridad y columnista de El Universal (Plata o Plomo) Alejandro Hope:

 

Donald Trump no se cansa, no se arredra, no se arrepiente… Así, en uno de sus ya habituales arranques tuiteros, dice: Necesitamos el muro para la seguridad de nuestro país. Necesitamos el muro para ayudar a detener el flujo masivo de drogas desde México, ahora calificado como el país más peligroso del mundo. Si no hay muro, ¡no hay acuerdo!”. [Si no hay tetas, no hay paraíso].

“Ese es un trumpismo casi perfecto: comprimió un máximo de falsedades en un mínimo de caracteres: Eso de necesitar el muro para ayudar a detener el flujo masivo de drogas desde México. Aquí hay un asunto muy sencillo de números. Según la DEA (una agencia dada a exagerar), México tiene una producción potencial de heroína de 81 toneladas al año. Eso cabe en cuatro contenedores. O en 3 mil 200 maletas. O en unos cuantos cientos de cajuelas. Y así pasa hacia el otro lado: casi 90% de los decomisos de heroína en la frontera ocurren en los puertos de entrada. Lo mismo sucede con la cocaína, las metanfetaminas o el fentanilo: se contrabandean por donde pasa el tráfico legal de personas y mercancías. La marihuana es un poco distinta porque es más voluminosa, pero esa sustancia se está dejando de contrabandear porque se está legalizando del lado de allá de la frontera. En resumen, el muro no detendría un solo gramo de drogas ilícitas: se construiría exactamente por donde no pasan”.

 

¡Déjenlo que haga su muro! Después de todo es su país. Ya ha quedado más que claro que nosotros no lo vamos a pagar. Si las previsiones de la Película gringa “El Día Después de Mañana” respecto del calentamiento Global se llegaran a cumplir algún día, a lo que el naquito Trump contribuye con su chaira indiferencia, el muro servirá para que las hordas de norteamericanos que huyan de la catástrofe ambiental hacia tierras más benignas del sur de su frontera, sean contenidas. El que ríe al último, ríe mejor.

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