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La cabeza de Donald Trump, un “hoyo de mierda”: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Donald Trump Editorial Estados Unidos 

La cabeza de Donald Trump, un “hoyo de mierda”: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Psicología de Masas del Fascismo, de Wilhelm Reich

 

Define el presidente Donald Trump a algunos países expulsores de migrantes hacia los Estados Unidos como “hoyos de mierda” (shithole). Y seguramente muchos de sus fieles apasionados piensan exactamente lo mismo de países como Haití y algunas naciones africanas, sumidas en el atraso ancestral y el saqueo colonialista por cuenta de algunas grandes potencias, precisamente como la encabezada por Mr. Trump.

Rápidamente, tan pronto como se ve desenmascarado por la “fake news“, Trump niega haber utilizado una expresión tan fuerte, como lo denuncian quienes lo escucharon… Cuando alguien como Donald Trump trata de matizar sus propias expresiones, entonces el mundo se encuentra en serios aprietos.

Robert de Niro, ese inteligente ser humano y grandísimo actor, sentencia simplemente que Trump es un idiota. Un fucking idiot para ser más precisos.

Cuando el lenguaje digamos “decente” ya no alcanza para definir la podredumbre humana de un personaje como Trump; cuando las indirectas, las metáforas y todos los ardides del lenguaje para evitar mentarle la madre abiertamente a alguien tan insufrible como él, ya no son suficientes, no queda otro remedio más que hacerlo: Si el mundo entero, a coro, le mentara la madre a Trump, quizá el tipo se tomaría la molestia de considerar la posibilidad de que lo que hace y dice no está bien.

Pero Trump no está solo, y ahí radica el gran problema que afrontamos como especie en inminente peligro de extinción.

Cuando estudiamos por primera vez los detalles de la Segunda Guerra Mundial en nuestras clases de historia, muchos pensábamos que si nos hubiera tocado vivir en esa época, pero conociendo el desenlace final, habríamos estado obligados a hacer cuanto estuviera en nuestras manos para detener a Hitler.

Después, al estudiar los detalles de “Psicología de Masas de Fascismo“, del gran analista Wilhelm Reich, el más grande discípulo de Freud, perseguido ferozmente por los nazis, entonces nos percatamos de que no es mentándole la madre a Trump como vamos a explicarle a sus múltiples seguidores que él no es la solución al profundo dolor interno que les aqueja.

Que su equivocada creencia de que es dando rienda suelta a las tendencias secundarias de su inconsciente como van a superar sus angustias íntimas inconfesables, los pone en el umbral de convertirse en colectivos contra inocentes, como ellos mismos, llámense judíos, negros latinos, mexicanos o haitianos.

Que la mente humana funciona de tal forma que guarda recuerdos dolorosos -como el rechazo afectivo de una madre- en secciones inconscientes del cerebro, de los que uno no se da cuenta, pero igualmente influyen en nuestra conducta tanto o más que nuestras más caras convicciones “conscientes”. Un odio reprimido contra nuestra madre ausente o indiferente, en nuestro ejemplo.

La tendencia natural, “primaria”, es el amor por nuestra madre que habita en lo más profundo de nuestro “núcleo biológico”, dice Reich. La tendencia “secundaria” de odio porque nos ignoró, o despreció, o incluso golpeó y maltrató -guardada en el inconsciente porque está socialmente condenado “no amar a nuestra madre”-, es la que personajes como Trump logran despertar con su discurso de odio y constituyen el meollo de sus planteamientos “políticos” que encuentran raigambre en la mediana profundidad de nuestros recuerdos y experiencias reprimidas.

El verdadero hoyo de mierda sólo está en la cabeza de sus seguidores y periódicamente es despertado, incitado por estos personajes enfermos que requieren urgente atención médica, como Adolf Hitler o Donald Trump.

Así de simple, aunque algunos mercachifles de la psiquiatría, que viven de darle vueltas a la confusión inconsciente de la gente, pongan el grito en el cielo ante el autor maldito de libros como “¡Escucha, hombre pequeño!”, “La Revolución Sexual” y “La Función del Orgasmo“, descaradamente plagiado este último -y castrado- en el Best Seller de Erich Fromm, “El Arte de Amar“.

 

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