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Promete AMLO obrar el milagro de pacificar al país en 3 años: Jesús López Segura / La Versión no Oficial Andrés Manuel López Obrador Elección presidencial Nacional 

Promete AMLO obrar el milagro de pacificar al país en 3 años: Jesús López Segura / La Versión no Oficial

¿Legalizar marihuana y cocaína? ¿Armar al pueblo de México?

 

Dice López Obrador que en 3 años logrará la pacificación total del país, pero que los efectos de su estrategia se empezarán a sentir casi inmediatamente. Mañana dirá cómo lograr semejante proeza. Se trata del más audaz ofrecimiento de campaña que los mexicanos hayamos escuchado de un político con credibilidad en la última década.

Prometer es fácil, pero cumplir tan ambicioso proyecto, asegurando que se cambiará la no solamente fallida, sino contraproducente estrategia seguida hasta el momento, es decir, la guerra contra el narco basada en mantener de manera permanente a las fuerzas armadas en las calles, no es sencillo. Sólo se me ocurren dos alternativas que podrían obrar el milagro:

1.- Legalizar el consumo y tráfico de marihuana y cocaína, estableciendo centros de distribución que tengan buenas ganancias pero paguen altos impuestos que permitan la formación masiva de policías, con estudios universitarios, muy bien pagados. Se arrebataría de esta manera a los narcos parte substancial de su cuantioso financiamiento, el cual sería empleado en la creación de policías de élite en cada comunidad, elegidos democráticamente por sus vecinos y sometidos al escrutinio permanente de la propia comunidad que daría de baja a los elementos en el instante mismo en que empezaran a corromperse.

2.- La segunda medida drástica que podría obrar el portento sería legalizar el uso de armas a todo el pueblo de México, para permitir a los ciudadanos mayores de edad -que cumplieran ciertos requisitos como no antecedentes penales, por ejemplo- estar en condiciones de defender a su familia y su patrimonio ante la crisis de violencia que vive el país y ante la confesa incapacidad de los gobernantes (tanto del PAN como del PRI) para cumplir con el deber elemental del pacto social, que consiste en brindar seguridad a los ciudadanos.

La Ley de Seguridad Interior promulgada recientemente por el Presidente Peña es una confesión abierta de su incapacidad para crear las policías que el país necesita con urgencia desde hace 12 años, condición sine qua non para devolver a los militares a sus cuarteles, de donde nunca debieron haber salido.

Una combinación de ambas estrategias podría dar cumplimiento cabal al ofrecimiento de López Obrador de dejar sentir los efectos de ese cambio que promete de manera inmediata, con resultados contundentes en favor de la paz en un término de 3 años. No veo otra forma.

Ahora bien, si López finca ese proyecto en la idea de que su sola presencia al frente del gobierno con una actitud honrada, rodeado de gente inmune a la corrupción, con un secretario de seguridad pública incorruptible y ejemplar, va a generar, de manera automática, el cambio que todos anhelamos, entonces tendríamos que decir, con todo respeto, que se trata de una alucinación mesiánica, porque ningún iluminado podría generar un cambio de esas características por la pura fuerza de su personalidad, por impactante que fuera. El reino de Jesucristo no era de este mundo. Aquí y ahora, para doblegar a los criminales organizados dentro y fuera del Gobierno, hay que someterlos con políticas muy concretas y contundentes, no con parábolas electoreras.

¿Realmente confía López Obrador en el pueblo de México?

Entendemos perfectamente que un gobierno sustentado en un fraude electoral, como al menos en la percepción popular se identifica al mexicano; que se dedica al saqueo sistemático de las finanzas públicas, como ha quedado de manifiesto de manera irrefutable en los casos, al menos, de los Duarte y Borge, entre otros menos escandalosos; que felicita a los soldados luego de la matanza de Tlatlaya -como fue el caso de Eruviel Ávila-; tenga serias reticencias a que se arme al pueblo de México como la única fuerza legítima y capaz de detener a los criminales que lo desangran y asesinan. Pero un gobierno emanado realmente del pueblo ¿a qué le teme?

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