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“Harvey Weinstein fue mi monstruo”, confiesa Salma Hayek Cultura Derechos Humanos Estados Unidos 

“Harvey Weinstein fue mi monstruo”, confiesa Salma Hayek

“Te voy a matar” le dijo el magnate

 

 

por ULISES CASTAÑEDA

La actriz mexicana Salma Hayek reveló en una carta a The New York Times el martirio que pasó al trabajar con el productor estadunidense Harvey Weinstein por su constante acoso sexual

La noche del 23 de marzo del 2003, fue una de las más importantes en la carrera de la actriz mexicana Salma Hayek. El trabajo de muchos años en el rodaje de Frida, que ella protagonizó, se reconocía esa noche en la que ella competía por primera y única vez, hasta el momento, por el premio a la Mejor Actriz.

Ella estaba sentada junto a su pareja de ese momento Edward Norton, con su elegante vestido en blanco y negro, y si bien no ganó, celebró con orgullo los triunfos de sus compañeros Elliot Goldenthal (Mejor Banda Sonora); y la mexicana Beatrice De Alba y John E. Jackson (Mejor Maquillaje) con una felicidad notable. Sin embargo esa noche, detrás de esa sonrisa, también sentía la sombra del “monstruo” que fue Harvey Weinstein.

Aquella noche de celebración escondía una terrible historia de acoso sexual por parte del productor, que comenzó a ser desvelado como un depredador sexual de Hollywood a partir del pasado mes de octubre; un par de periodistas revelaron en The New York Times una lista de decenas de testimonios, incluidas otras grandes actrices. En este mismo medio Hayek publicó ayer una carta con su propia historia:

Harvey Weinstein era un cinéfilo apasionado, alguien que tomaba riesgos, un promotor del talento fílmico, un padre amoroso y un monstruo. Durante años, fue mi monstruo”, confesó la actriz Salma Hayek en esa carta a propósito de la colaboración que hizo con el productor, en ese entonces, dueño de Miramax, que también produjo Frida.

El relato de Hayek no se centra tanto en lo que pasó a solas con Weinstein, sino en describir con detalle cómo se inicia y desarrolla una situación de acoso entre un hombre poderoso y una aspirante a actriz y productora: “Harvey Weinstein se había convertido en el gran mago de la nueva ola del cine que llevó contenido original a las grandes audiencias. Al mismo tiempo, era impensable que una actriz mexicana aspirara a ser parte de Hollywood”, expresa en una parte de la carta.

“Había empezado el proceso para producir la película con otra compañía, pero luché para recuperarla y llevarla con Harvey. Lo conocía un poco gracias a mi relación con el director Robert Rodríguez y la productora Elizabeth Avellan, quien era su esposa en ese entonces y quien me había acogido bajo su tutela tras hacer algunas películas con ella”, agregó.

El acuerdo al que llegó con Weinstein era que pagaría los derechos para producirla y un contrato para que ella participara en otras películas, a lo que ella vio una oportunidad, “para consolidarme como actriz”, sin embargo, fue el inicio de su tortura, pues cuenta cómo tuvo que negarse a cada uno de sus modus operandi que había aplicado con las actrices que antes ya lo han denunciado:

“No a abrirle la puerta a cualquier hora de la noche en hotel tras hotel y locación tras locación donde se aparecía inesperadamente, incluido un sitio en el que estaba rodando una película en la que él ni siquiera estaba involucrado…

“No a bañarme con él. No a dejarlo que me viera bañarme. No a dejarlo que me diera un masaje. No a que un amigo suyo, desnudo, me diera un masaje. No a dejarlo que me hiciera sexo oral. No a desnudarme junto con otra mujer. No, no, no, no, no… Con cada rechazo surgía la ira maquiavélica de Harvey. No creo que odiara nada más que la palabra ‘no’”, cita el texto.

De acuerdo al testimonio de Hayek, su negativa a todas sus intentos de connotación sexual repercutieron en su trabajo, “para él yo no era una artista; ni siquiera era una persona. Era una cosa: una nadie, solo un cuerpo”, dijo y explicó que incluso estuvo a punto de parar el rodaje hasta que le pidió condiciones casi imposibles como productora novata, cuando sumó a su equipo a Edward Norton (quien reescribió el guion sin crédito), a la productora Margaret Perenchio, a la cineasta Julie Taymor, y los actores Antonio Banderas, Geoffrey Rush y Ashley Judd, quien también hace unos meses denunció su historia contra Weinstein.

“Cuando empezamos el rodaje terminó el acoso sexual, pero la ira aumentó (…) Me dijo que la única cosa que tenía a mi favor era mi atractivo sexual y que en esta película no tenía nada de eso”, dijo y habló de su nuevo intento por detener la producción: “Me ofreció una opción si quería continuar. Me dejaría terminar el filme si acordaba tener una escena de sexo con otra mujer. Y demandó que hubiera desnudez total vista desde enfrente”, dijo.

Al principio ella se había negado a rodar esa escena, y la directora Taymor había conseguido que solo quedará en un beso entre Ashley Judd y Hayek pero la presión fue tal que la mexicana cedió, “tuve que decir que sí. Para ese momento le había dedicado muchos años de mi vida a hacer esta película. Ya era la quinta semana de grabación y había convencido a tanta gente talentosa de participar”, explicó.

“Estaba en el set ese día que íbamos a grabar la escena que pensaba iba a salvar la película cuando, por primera y última vez en mi carrera, me derrumbé. Mi cuerpo empezó a temblar incontrolablemente, me quedé sin aliento y comencé a llorar y llorar sin poder detenerme como si estuviera vomitando lágrimas…

“Dado que quienes me rodeaban no tenían conocimiento de mi historial con Harvey se sorprendieron mucho esa mañana al verme batallar. No era porque iba a estar desnuda con otra mujer. Era porque iba a estar desnuda con otra mujer por Harvey Weinstein”, agregó la actriz.

Sin embargo, la tortura no terminó ahí, pues contó que además en una ocasión en La Mostra de Venecia le pidió salir de una gala de estreno de Frida, para un encuentro con otro cliente, “una fiesta privada con él y unas mujeres que pensé que eran modelos pero después me enteré que eran prostitutas”, recordó.

Más aún, “sus tácticas de persuasión iban desde hablar dulcemente y prometer cosas hasta aquella vez que, en un ataque de ira, dijo las palabras más temibles: ‘Te voy a matar, no creas que no puedo’”, declaró Hayek, quien también agradeció a su relación con Robert Rodríguez, Elizabeth Avellan, “con lo que sé ahora, me pregunto si no fue solo mi amistad con ellos —así como con Quentin Tarantino y George Clooney— lo que me salvó de ser violada”, agregó.

La actriz explicó el por qué tardó tanto tiempo en dar a conocer su testimonio, “intentaba protegerme del desafío de explicarle varias cosas a mis seres queridos (…) y por qué durante tantos años había mantenido una relación cordial con un hombre que me hirió de manera tan profunda”, dijo.

Añadió, que años después lo volvió a ver. Entonces dijo que era un hombre distinto porque se había casado con Georgina Chapman y le reconoció “Lo hiciste bien con Frida; hicimos una película hermosa”, las siguientes veces “cuando lo veía en eventos sociales sonreía e intentaba recordar las cosas buenas de él, diciéndome a mí misma que había ido a la guerra y había ganado”, dijo.

Pero ayer rompió el silencio, por el valor de las otras mujeres que lo denunciaron por lo que concluyó: “Hasta que haya igualdad en la industria, que los hombres y mujeres tengan la misma valía en todos los aspectos de la producción, nuestra comunidad seguirá siendo tierra fértil para los depredadores”.

 

La Crónica.- http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1056685.html

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