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Segundo destape del PRI. Aurelio Nuño va como Plan “B” de Peña: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Elección presidencial Nacional PRI 

Segundo destape del PRI. Aurelio Nuño va como Plan “B” de Peña: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

Parece que Peña le sembró a Meade un potencialmente muy destructivo fuego amigo

 

Con parecidos elogios a los obsequiados a Meade en su destape, Enrique Peña arropa a Aurelio Nuño y lo envía como su plan “B”, por si la campaña de Meade no prende como él espera

 

Qué pronto olvidó Aurelio Nuño su fingida pasión por el tema de la educación…. Qué fácil deja tirada la Reforma Educativa para arrojarse a los brazos de la grilla futurista. Con qué poco se conforma, exclaman quienes piensan, ingenuamente, que se va con “su amigo Meade” a coordinarle la campaña para llevarlo al triunfo…

No. Casi llora don Aurelio por la emoción y lo despide la burocracia educativa como si se tratara del verdadero tapado, porque va como candidato sustituto. Y es que, como dice López Obrador, José Antonio Meade, con todo y la folklórica cargada de los priistas facilones, parece que podría quedar como una burbuja fallida en los artificiales intentos por inflarla. Es de sabios cambiar de opinión, exclama el tabasqueño al sugerir a los priistas que cambien cuanto antes a su candidato. Que todavía están a tiempo.

La última vez que recordamos el PRI tuvo que cambiar su candidato presidencial -debido al asesinato de Luis Donaldo Colosio– fue precisamente por quien era su coordinador de campaña: Ernesto Zedillo. Y este relevo se dio en tiempos de Carlos Salinas de Gortari cuyo vocero fue, ni más ni menos, quien sustituye ahora a Nuño en la Secretaría de Educación Pública: Otto Granados Roldán. ¿Coincidencias de la vida?

La mano del innombrable no puede estar más claramente presente. Él sabe mucho de cómo sustituir a tiempo a un candidato fallido a cualquier costo. Él parece aconsejar a Peña sobre cómo conciliar sus deseos íntimos, sus aprecios más sentidos, con la viabilidad electoral de sus apuestas.

 

Por lo pronto, Meade avanza en los temas prioritarios. El primero, pasar por el incómodo ritual de iniciación en las cuevas de los dinosaurios que lo acogieron con aclamaciones innecesariamente vergonzosas, como las prodigadas por El Chapitas Eruviel y Ernesto Nemer, el líder mexiquense de un PRI muy aplicado ahora, al parecer, en ayudar al Bronco a juntar sus firmas. ¿Un nuevo amasiato?

Después del imperdonable error de Andrés Manuel López Obrador de considerar siquiera la posibilidad de amnistiar a feroces criminales, y de insistir neciamente en el tema hasta el grado de proponer una consulta popular -para luego, contradictoriamente, aconsejar a los priistas que “es de sabios cambiar de opinión”- el marcador parece emparejarse. La pifia de Enrique Peña Nieto de empujar a Nuño como su opción “B” por si la campaña de Meade no prende, lleva inoculado el germen de la profecía que se cumplirá a sí misma, porque conociendo a don Aurelio, habiendo visto sus ansias de figurar a toda costa, incluso usando a los niños como escenario de propaganda, dudamos mucho que trabajará en favor de “su amigo” Meade y no para sí mismo.

Parece que Peña le sembró a Meade un potencialmente muy destructivo fuego amigo. No cree usted.

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