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Los mitos de la crisis legislativa y “El Procurador Ferrari”: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial Editorial Elección presidencial Nacional 

Los mitos de la crisis legislativa y “El Procurador Ferrari”: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

El Felipeñismo se siente amenazado por el Bebé Anaya

 

Es un mito que la crisis legislativa en San Lázaro obedezca a la disputa entre el anayismo y el peñismo por el nombramiento del Fiscal General de la Nación. Todo el revuelo alrededor del “pase automático” de Raúl Cervantes tiene como claro telón de fondo la intención de Enrique Peña de descalificar a Ricardo Anaya como candidato presidencial. La revuelta de los cinco senadores panistas “apestados”, su asonada senatorial y mediática contra Anaya, persigue exactamente el mismo propósito, evidenciado por lo demás, en el hecho irrefutable de que ellos mismos se han comprometido a votar en contra del pase automático del “Procurador Ferrari“.

Todo el enredo empezó cuando la familia política de Ricardo Anaya fue acusada de enriquecimiento inexplicable y él advirtió, de bote pronto, que esa embestida oficial tenía el propósito de impedir que el PAN pusiera obstáculos al nombramiento de un guardaespaldas transexenal del peñismo, administración presidencial caracterizada a estas alturas, sin lugar a dudas, como la más corrupta en la historia del país.

Pero Anaya desvió la atención sobre ese punto porque estaba impedido a reconocer que la amenaza judicial tenía la intención más que evidente de desbancarlo de la carrera presidencial en favor de Margarita Zavala, la candidata del prianismo, es decir, del pacto secreto entre Peña y Calderón evidenciado en el libro El Amasiato, de Álvaro Delgado.

Anaya no puede hablar públicamente de su aspiración presidencial -que de cualquier modo para nadie es un secreto-, debido a que un desliz declarativo en ese sentido daría argumentos a sus detractores, es decir, a Felipe Calderón, Margarita Zavala y un puñado de calderonistas nostálgicos del poder presidencial -y con obsesiones de maximato matrimonial-, para exigirle que deje la dirigencia del partido, donde estaría jugando como “juez y parte”.

Por eso Anaya se inventó el primer argumento que se le vino a la brillante y al mismo tiempo atolondrada cabeza de adolescente precoz. Por eso se ha armado el enredo mediático sobre la “parálisis legislativa”. Lo que está detrás de este pequeño escándalo que tanto les gusta promocionar a los medios hegemónicos no es el nombramiento del fiscal guardaespaldas, sino la disputa presidencial con un actor que no está invitado a la fiesta: el púber Anaya.

Durante las tres últimas décadas, para ser preciso desde el 88, PRI y PAN se han apoyado mutuamente para frenar a cualquier costo el arribo a Los Pinos de lo que ellos llaman una “opción populista”. El extinto “gran demócrata” Luis H. Álvarez, reconoció en una entrevista en El Financiero de aquélla época, que el PAN tenía pruebas de que la contienda presidencial la había ganado Cuauhtémoc Cárdenas y su Frente Democrático Nacional, pero que “como Cárdenas habría llevado el país al desastre, decidieron, patrióticamente, respaldar a Carlos Salinas de Gortari“.

La dictadura neoliberal en México, equiparable a la dictadura populista del chavismo en Venezuela, pasa por esa traición, justificada como “fraude patriótico“, es decir, “en bien del país”, pero también por el posterior asesinato de Colosio y los dos atracos perpetrados por el prianismo Felipeñista contra López Obrador, ilustrados en el libro de Delgado, es decir, por los 200 mil votos que le abonó Peña a Calderón en el 2006 y el pago de éste en el 2012, cuando sacrificó a Josefina Vázquez para que el PRI regresara a Los Pinos en una “alternancia” inducida por lo que, muy propiamente, puede identificarse como el prianismo militante.

La tercera secuela de este “amasiato” entre Peña y Calderón se perfila en la persona de Margarita Zavala, como candidata sacrificable mediante un “josefinazo” en favor de José Antonio Meade -donde se haría declinar la campaña de la consorte y se le transferirían votos al híbrido del prianismo con tintes muy aprovechables de “independiente”, siempre con la misión fundamental de impedir a toda costa el triunfo de López.

El único obstáculo para lograr este tercer “fraude patriótico” lo constituye el Bebé Anaya, empecinado en dejar atrás la fraudulenta “alternancia fingida” y pelear, ahora junto al PRD y MC, por la presidencia, digamos que “en buena lid”. Aunque el tan mentado Frente Ciudadano por México podría reventar con una desbandada masiva de perredistas tan pronto como Anaya se agandalle la candidatura presidencial.

Esto apenas empieza y tiene mucho más que ver con la estrategia del prianismo para imponerse nuevamente en la sucesión del 18, que con la Fiscalía a modo que tratan de instaurar Peña y Calderón para que les cuide, a ambos, las espaldas, en caso de que la alternancia inducida fracase esta vez, y Andrés Manuel termine comiéndoles el mandado.

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