Estás aquí
Putin: creó EU el virus del ciberataque; la Casa Blanca lo niega Donald Trump Internacional 

Putin: creó EU el virus del ciberataque; la Casa Blanca lo niega

¿De verdad Trump puede ser tan estúpido?: John Oliver

 

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, denunció este lunes que el virus troyano Wanna Cry, que el pasado viernes afectó unas 300 mil computadoras en el mundo, fue creado por los servicios secretos estadunidenses al aprovechar un agujero de seguridad del sistema operativo Windows de Microsoft.

La Casa Blanca desmintió que Estados Unidos haya fabricado el virus como afirma Rusia, y aseveró que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) no ha desarrollado ninguna herramienta para quedarse con datos por medio del pago de un rescate.

Al tomar distancia del masivo ciberataque que comenzó el viernes pasado, Putin propuso nuevamente a Estados Unidos pactar un acuerdo sobre seguridad. El mandatario ruso dijo al término de la cumbre sobre la nueva ruta de la seda en Pekín, que “Estados Unidos desgraciadamente no había retomado esta propuesta presentada el año pasado.

Cuando se deja salir de la botella a tales genios, sobre todo si lo hacen los servicios secretos, éstos a veces se vuelven en contra de sus creadores y causan daño, dijo Putin, citado por la agencia de noticias Interfax.

El troyano Wannacry encriptó los archivos de cientos de miles de computadoras y exigía un rescate en la moneda virtual bitcoin para liberarlos.

 

Al no ser supervisada por ningún banco, el bitcoin es muy popular para actividades ilícitas. Se trata de una moneda digital basada en un algoritmo que permite esconder la identidad de sus usuarios.

Hasta este lunes los hackers habían recaudado menos de 70 mil dólares (pagados en bitcoins) con el secuestro de datos, informó la Casa Blanca.

 

No descartan el impeachment contra Trump por sus torpezas

¿De verdad Trump puede ser tan estúpido?: John Oliver

Las acciones y declaraciones del presidente Donald Trump a finales de la semana siguen sacudiendo a la cúpula política nacional; algunos republicanos han decidido distanciarse públicamente del mandatario, veteranos de la política acusan que está perpetrando un asalto contra las instituciones democráticas y otros insisten en que se tiene que iniciar un proceso de impeachment.

La noche de este lunes el índice de alarma por el comportamiento del comandante en jefe se incrementó con la noticia de que Trump, aparentemente de manera espontánea para presumir, reveló inteligencia sumamente delicada sobre operaciones del Estado Islámico al canciller ruso Serguei Lavrov y al embajador del Kremlin en Washington, Serguei Kislyak, en la reunión que mantuvo con ellos en la Casa Blanca la semana pasada, reportó el Washington Post.

Funcionarios activos y retirados citados por el rotativo indicaron que la divulgación pone en jaque a una fuente de inteligencia clave sobre el Estado Islámico, que fue identificado sólo como un socio de Estados Unidos mediante un acuerdo tan secreto que sus detalles no han sido revelados ni a aliados o a partes de la misma administración. El gobierno estadunidense no tenía permiso para compartir la información con Rusia y por tanto esto podría poner en peligro la cooperación del socio, afirmaron. Con ello, el tema de las relaciones entre Trump y los rusos sólo se intensificó, junto con preocupaciones sobre sus capacidades como mandatario.

Después de que el presidente despidió al director de la FBI James Comey la semana pasada, supuestamente con base en una recomendación del Departamento de Justicia, y que su equipo descartó que haya sido por la investigación que realizaba sobre la posible colusión del equipo de campaña de Trump con el gobierno ruso, el mandatario reveló que lo iba a despedir de todas maneras, e indicó que el caso de Rusia sí era un factor.

Es apenas la segunda vez en la historia estadunidense en que un presidente que está bajo investigación ordena el despido del funcionario que lo investiga; el primer caso fue Richard Nixon para frenar el escándalo del Watergate, que finalmente lo llevó a la renuncia.

Todo esto ha desatado una tormenta en Washington sobre si el despido se trató de un abuso de poder, si es parte de un esfuerzo para encubrir algo, y si puede ser un acto ilegal de obstrucción de la justicia, o sea, todos los elementos del Watergate, incluso hasta la posibilidad de que el presidente haya grabado conversaciones privadas con Comey.

De inmediato hubo llamados de líderes demócratas y comentaristas para hablar de una investigación independiente de todo asunto que incluya la mano rusa. James Clapper, ex jefe de inteligencia nacional, advirtió: “de muchas maneras, nuestras instituciones están bajo asalto, tanto desde el exterior –en referencia a Rusia por su interferencia electoral– como internamente”, en alusión directa a Trump, comentó el domingo en CNN.

Por su parte, funcionarios de la Casa Blanca insisten en que no hay ningún problema, acusaron a los medios de hacer especulaciones y subrayaron que el mandatario tiene el derecho de despedir a quien quiera. El presidente es el Ejecutivo. Puede despedir y contratar a quien desee. Ese es su derecho, afirmó Nikki Haley, embajadora ante la Organización de las Naciones Unidas, en un noticiario el domingo. Pero como corrigieron varios comentaristas, el presidente no es dueño del gobierno federal, el cual no es una empresa. Trabaja según las reglas impuestas por la Constitución.

Varios abogados de prestigio nacional y algunos políticos demócratas ya están elaborando propuestas para impulsar un proceso de impeachment. Uno de ellos, el distinguido profesor de leyes de Harvard Laurence Tribe, escribió un artículo en el Washington Post en el cual afirma: “el momento ha llegado para que el Congreso inicie una investigación de impeachment contra el presidente Trump por obstrucción de la justicia”. El país, agregó, enfrenta a un mandatario cuyo comportamiento sugiere que representa un peligro para nuestro sistema de gobierno y calificó al jefe de la Casa Blanca de líder autoritario.

Otro profesor de derecho en Harvard, Noah Feldman, comentó en un tuit: “si se comprueba que Trump removió a Comey para evitar ser investigado, sí es un asunto para llevar al impeachment por abuso de poder, corrupción y socavar el imperio de la ley”.

Pero como funciona este sistema, poco de esto es posible sin el liderazgo republicano (por su control en ambas cámaras del Congreso). El reconocido experto legal James Toobin afirma que el despido de Comey fue un grave abuso de poder del presidente. En un artículo en The New Yorker, Toobin recuerda que en agosto de 1974 tres legisladores republicanos llegaron a la Casa Blanca para informar a su correligionario Nixon que el partido lo estaba abandonando porque el escándalo del Watergate ya era demasiado serio. Al siguiente día, Nixon renunció. La gran pregunta en política hoy es cuándo, o si cualquier republicano hará una visita similar a la Casa Blanca de Donald Trump.

Por el momento, el liderazgo republicano no muestra ningún indicio de que esté cerca de hacer algo parecido. Sin embargo, cada vez más legisladores republicanos se han atrevido a expresar su preocupación sobre el manejo del poder de Trump, buscando distanciarse de él para proteger sus intereses políticos o hasta cuestionando abiertamente el despido de Comey.

Un par de senadores republicanos influyentes, Lindsey Graham y Mike Lee, han llamado a que el presidente entregue cualquier grabación que haya hecho con Comey, si es que existe. Otros dos, Jeff Flake y Dean Heller –ambos enfrentan elecciones difíciles el próximo año–, han intensificado sus críticas al gobernante, y otros como John McCain repetidamente han criticado sus políticas y pronunciamientos, al igual que varios legisladores de la Cámara de Representantes, que empiezan a ver que la percepción de alguna alianza con Trump podría ser negativa entre sus electores.

No ayuda a Trump entre sus propios colegas republicanos el que hecho de que siga registrando los índices más bajos de aprobación de un nuevo presidente en décadas: la encuesta más reciente de NBC News/Wall Street Journal lo ubica en 39 por ciento, otras en sólo 35 por ciento. Más aún, la de NBC registró que sólo 29 por ciento aprobó el despido de Comey, y peor, 78 por ciento apoya la idea de una investigación independiente sobre las relaciones de la campaña de Trump con los rusos.

Aunque ahora se escuchan cotidianamente los ecos del Watergate, y esa mancha es difícil de borrar de la memoria política colectiva de este país, casi todos coinciden en señalar que contemplar una destitución del presidente no es asunto que se determine sólo por si violó u obstruyó la ley. Esto se queda, creo, sólo como un problema político. Lo que tumbará a Trump no será la Constitución, sino los sondeos de opinión y las urnas, consideró el profesor de derecho John Blackman en entrevista para el Washington Post.

Mientras tanto, algunos medios reportaron que Trump está furioso por el manejo de sus declaraciones que ha hecho su equipo, y se filtró que estaba considerando otra sacudida más en la Casa Blanca que podría incluir el despido del vocero principal Sean Spicer; su jefe de gabinete, Reince Priebus, y hasta de su estratega político Steve Bannon, entre otros.

Mucha de esta inestabilidad de su gobierno tiene que ver con los constantes exabruptos del presidente –o lo que alguien dentro de la Casa Blanca calificó de paranoia delirante– detonados por cualquier acto que considera desleal y por el incesante cuestionamiento a la legitimidad de su elección, no sólo porque no ganó el voto popular, sino por las sospechas sobre la mano rusa para derrotar a Hillary Clinton.

John Oliver, el gran comediante político, dijo en su programa semanal Last Week Tonight el pasado domingo, que fue increíble ver a Trump declarar abiertamente que tenía en mente la investigación sobre Rusia cuando despidió a Comey, o sea, casi confesando que lo hizo para frenar la investigación de la posible complicidad entre su campaña y el Kremlin. “Eso no se debería decir en voz alta. Es el tipo de respuesta que te hace preguntar tres cosas: 1) ¿De verdad puede ser tan estúpido? 2) ¿De verdad piensa que nosotros, como país, somos tan estúpidos? y 3) ¿Somos, como país, tan estúpidos? Es enteramente posible que la respuesta a las tres preguntas sea ‘sí’”.

 

CON INFORMACIÓN:

La Jornada.- http://www.jornada.unam.mx/2017/05/16/mundo/028n1mun

La Jornada.- http://www.jornada.unam.mx/2017/05/16/mundo/029n1mun

También te puede interesar: