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La Donald Trump francesa, rechazada por casi el 80% de votantes: Loret Elecciones Internacional 

La Donald Trump francesa, rechazada por casi el 80% de votantes: Loret

El “centrista” Macron y la xenófoba Le Pen, a segunda vuelta histórica en Francia

 

El joven antipopulista y la ultraderechista tumbaron en primera vuelta el tradicional bipartidismo y derrotaron a los candidatos socialista y conservador. La batalla final, el 7 de mayo

Emmanuel Macron y Marine Le Pen. Un socioliberal y una ultraderechista. Dos concepciones de Francia y Europa radicalmente opuestas se enfrentarán en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que dieron un histórico portazo a los dos grandes partidos tradicionales.

Los encuestadores durmieron ayer tranquilos. Los pronósticos esta vez acertaron y fueron dos candidatos antisistema quienes medirán sus fuerzas dentro de dos semanas, el 7 de mayo, con ventaja inicial para Macron, que ya ha recibido el apoyo del Partido Socialista del presidente François Hollande, formación histórica que casi desaparece del mapa, y el candidato conservador, François Fillon, que se apresuró a pedir el voto para el liberal de centroizquierda Macron, y evitar así que gane la antieuropea Le Pen.

Con el 90% del voto escrutado, el ex ministro socialista Macron, que hace apenas un año fundo su partido “En Marcha”, ganó la primera vuelta tenía un 23.5% de los votos.

Proeza. Tras lograr Macron la proeza de pasar en un año de ser un ministro de Economía poco conocido al candidato más votado en las elecciones, pretende ahora convertirse, a los 39 años, en el jefe de Estado más joven de la V República, fundada por el general De Gaulle en la década de los 50.

Su imagen fresca y su propuesta de ruptura para “desbloquear” los anquilosados cimientos de la sociedad gala han calado sobre todo entre el electorado con mayor nivel educativo y en las ciudades.

“En un año hemos cambiado la cara de la política francesa”, dijo un eufórico Macron ante sus partidarios en el Palacio de Congresos de la Puerta de Versalles de París.

Triunfo amargo. Por el contrario, la favorita Marine Le Pen, que durante meses era la clara favorita en todas las encuestas, hasta que empezó la campaña, logró un 21.70 por ciento, que le da pase a la segunda vuelta, aunque con pocas posibilidades de un triunfo final, dado el rechazo que su candidatura de ultraderecha general entre el resto de partidos.

En Hénin-Beaumont, ciudad del deprimido norte de Francia que ha convertido en su feudo electoral, Le Pen lanzó un discurso patriótico y populista en el que proclamó: “Hemos superado la primera etapa que llevará a los franceses al Elíseo”.

No desaprovechó un momento para cargar contra Macron, y se felicitó de enfrentarse al exministro en la segunda vuelta para escenificar “el gran desafío de estas elecciones: la globalización salvaje”.

“Apelo a todos los patriotas sinceros para que me apoyen, porque está en juego la supervivencia de Francia, la unidad nacional”, insistió ante un millar de fieles.

Sin embargo, Le Pen no tendrá tan fácil convertirse en la primera presidenta de Francia.

La primera encuesta aparecida con el escenario de la final, divulgada hoy por el instituto demoscópico Ipsos, otorga una cómoda victoria a Macron con el 62 % de los votos, treinta puntos por encima de Le Pen.

Disturbios. La jornada electoral fue empeñada por algunos disturbios en el centro de París protagonizados por seguidores de la otra estrella de la campaña, el candidato de Francia Insumisa (izquierda radical), Jean-Luc Mélenchon, quien admitió que el 19.45% de votos, pese a que casi alcanza al conservador Fillon “no era el que esperaba”.

 

Francia: la disyuntiva electoral

Los resultados preliminares de la primera vuelta de la elección presidencial en Francia ubican como ganador al neoliberal independiente Emmanuel Macron (23 por ciento), seguido por la candidata ultraderechista Marine Le Pen (22 por ciento). Fuera de la competencia quedaron el izquierdista ambientalista Jean-Luc Mélenchon (19.5), el conservador François Fillon (19) y el abanderado del Partido Socialista (PS) –actualmente en el poder–, Benoît Hamon (7), entre otros.

Estos resultados representan el colapso del PS, hundido por la abrumadora impopularidad del mandatario saliente, François Hollande, al tiempo que confirman el declive de la derecha tradicional gaullista, impulsora de Fillon, fenómeno que desde 2007 venía abriendo paso en el escenario electoral francés al neoliberalismo puro y duro que con Nicolas Sarkozy llegó por primera vez al Palacio del Elíseo en 2007.

Al confirmarse el paso a la segunda vuelta de la abanderada del xenófobo Frente Nacional (FN), tanto Hamon como Fillon expresaron su respaldo a Macron, en tanto que Mélenchon anunció que consultará con sus bases antes de emitir su posición.

Este escenario recuerda necesariamente al vivido en las elecciones de 2002, cuando por primera vez llegó al balotaje un candidato del FN. En aquellos comicios, el riesgo de que alcanzara la presidencia el semifascista Jean-Marie Le Pen, fundador del partido que agrupó a los sectores colonialistas, antisemitas y filonazis, y padre de la actual candidata, orilló al resto de la clase política a cerrar filas en torno de la reelección del ex presidente Jacques Chirac, quien de esta manera obtuvo 82 por ciento de los votos en la segunda vuelta, así como mayoría absoluta en las votaciones parlamentarias.

La circunstancia actual es mucho peor que la de hace 15 años, porque ahora los franceses deberán optar entre el neoliberalismo desembozado y el ultraderechismo cerril que encarna el Frente Nacional. En efecto, lo que caracteriza a la plataforma de Macron es el mercantilismo a ultranza que busca administrar al Estado como entidad privada y sin ninguna suerte de sentido nacional, cultural o social. Se trata, en suma, del peor escenario posible, en el cual no sólo quedó descartada una propuesta de renovación moderna y articulada en torno del insoslayable problema ambiental, como la defendida por Mélenchon, sino que ni siquiera se cuente con una derecha nacionalista aglutinada en torno de la idea del Estado, como la que significó desde la posguerra el amplio abanico del gaullismo.

En momentos históricos precisos la sociedad francesa ha sido capaz de desatar transformaciones sociales de enorme y duradero significado no sólo para la propia Francia, sino para el resto del mundo, como la Revolución de 1789, la Comuna de París (1871) y los gobiernos de frente popular previos a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, procesos como el actual recuerdan que en el fondo la sociedad francesa sigue siendo profundamente conservadora, que en esta coyuntura histórica se decantó en 80 por ciento por tres expresiones que van de la derecha a la ultraderecha. Se augura que la representada por Macron –a quien, para colmo, se considera delfín extraoficial y furtivo del gobierno de Hollande– logrará en la segunda vuelta del mes entrante un triunfo no tan holgado como el que logró Chirac en 2002 ante el fundador del FN. Por inferencia, este partido lograría, de confirmarse los pronósticos, un avance desolador, y podría pasar, en tres lustros, de una quinta a una tercera parte de la votación.

El primer desafío para los franceses radica en impedir la llegada al poder de la ultraderecha abiertamente portadora de postulados racistas, chovinistas y xenófobos, pero la eventual elección de Macron no permite augurar ninguna mejora en las condiciones de vida de las mayorías sino, por el contrario, una continuada destrucción del tejido social y de los valores fundacionales del republicanismo francés: la libertad, la igualdad y la fraternidad.

 

CON INFORMACIÓN DE:

La Crónica.- http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1020450.html

EDITORIAL DE LA JORNADA.- http://www.jornada.unam.mx/2017/04/24/opinion/002a1edi

 

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