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POR FIN SE FAJA LOS PANTALONES VIDEGARAY. SE NIEGA A ACEPTAR DEPORTADOS DE OTROS PAÍSES Internacional Política 

POR FIN SE FAJA LOS PANTALONES VIDEGARAY. SE NIEGA A ACEPTAR DEPORTADOS DE OTROS PAÍSES

El secretario de Economía, en la grilla, en vez de plantear alternativas para recibir a nuestros paisanos

Por Jesús López Segura

 

Atendiendo a la recomendación que le hizo el ex canciller Jorge Castañeda, en entrevista mañanera con Ciro Gómez Leyva, de negarse a recibir en territorio nacional a deportados que el Gobierno de Los Estados Unidos no acreditara, con papeles en mano, fueran mexicanos de origen, Luis Videgaray dio por fin la nota periodística que todos esperábamos y que marca la línea de auténtica dignidad con la que debe rectificar este gobierno entreguista.

Para empezar, los millones de emigrados hacia Los Estados Unidos lo son por la simple y sencilla razón de que en su país de origen no encontraron las oportunidades para su desarrollo social y económico. Lejos de sentir y manifestar vergüenza, el gobierno mexicano y sus voceros de los medios hegemónicos, se han dado a la tarea de presentar a Donald Trump como el responsable de esa penosa situación, en lugar de ponerse a revisar, con la urgencia del caso, las políticas económicas que en un país tan rico en recursos naturales como el nuestro, han generado que millones de sus habitantes mueran de hambre y tengan que buscar refugio laboral en Los Estados Unidos.

Luis Videgaray (ex secretario de Hacienda, aprendiz de canciller y cerebro de las inútiles “reformas estructurales” del peñismo) e Ildefonso Guajardo (secretario de Economía) han estado declarando que los migrantes mexicanos en Estados Unidos han contribuido con su talento y esfuerzo al engrandecimiento de aquel país. Se desviven en elogios para con nuestros paisanos pero no los quieren de regreso y están dispuestos a invertir una fortuna para respaldarlos en las cortes norteamericanas a fin de que se queden allá. No piensan siquiera en invertir ese dinero para crear las oportunidades aquí que les negaron en el pasado, obligándolos prácticamente a huir del país.

Quieren convencer a Donald Trump de que se quede con los millones de talentosos y laboriosos paisanos, que no los deporte y que siga recibiendo huestes cada vez mayores de expulsados por un sistema económico que tiende a agudizar las desigualdades socioeconómicas en forma cada vez más dramática, lo que ya revela el grado de obnubilación de nuestros representantes, pues ¿quién es más loco, el orate de Trump o los que creen que se puede “razonar” con él?

Obama expulsó de su país a cerca de 4 millones de trabajadores indocumentados mexicanos, pero lo hizo con una sonrisa cautivadora y con elocuentes, carismáticos discursos falsos sobre su presunta tolerancia y respeto a la diversidad étnica… Trump expulsará seguramente a un número similar, pero envilece ese acto -indiscutiblemente soberano de su nación- con un discurso racista y xenófobo, hiriente y detestable.

Sin embargo, el resultado es y seguirá siendo el mismo: México, siendo un país extraordinariamente rico, donde su población podría vivir en condiciones de franca prosperidad, tiene un gobierno neoliberal que funciona desde hace tres décadas en beneficio claro y abierto de los intereses norteamericanos, lo que implica obsequiar nuestras preciosas y abundantes materias primas a cambio de chatarra industrial, generando millones de pobres. Ése es nuestro problema.

El gobierno de México, sólo para poner un ejemplo de su entreguismo, ha gastado unos 60 mil millones de dólares en esta década trágica, sólo en el “combate al narcotráfico“, con los resultados contraproducentes que todos conocemos y que ilustra, con dolorosa elocuencia, la más reciente estadística de criminalidad: Enero de 2017 ha sido, por mucho, el más sangriento de la década.

Esos 60 mil millones de dólares se dilapidaron comprando armamento obsoleto a los gringos -el de última generación pasa ilegalmente por nuestras corruptas aduanas para los criminales- y ni siquiera alcanzaron para crear las policías que prometió Calderón desde que decidió sacar “de manera emergente y temporal” al Ejército mexicano a las calles. A pesar del dineral dilapidado a lo pendejo, después de diez años, estos burócratas del prianismo depredador siguen discutiendo si el Ejército debe permanecer de manera indefinida cumpliendo labores para las que, definitivamente, no están capacitados, como se los ha restregado en la cara el propio secretario de la Defensa, el general Cienfuegos.

Y todo este esfuerzo y sacrificio inútil, pues el tráfico y consumo de drogas no sólo no ha disminuido, sino que se ha incrementado, igual que la criminalidad, ahora diversificada en todas las formas posibles del horror y con más de 200 mil muertos reconocidos oficialmente, además de millones de desplazados y desaparecidos, todo esto sólo para complacer el prohibicionismo en materia de drogas que Ronald Reagan inventó en los sesentas para poder violar los derechos humanos de los jóvenes que protestaban por la guerra de Vietnam.

En vez de andar grillando, Ildefonso Guajardo debería ya habernos presentado un plan de contraataque, que contemplara generar oportunidades de empleo para los millones de repatriados, como por ejemplo recuperar las minas que el gobierno ha concesionado a extranjeros, para explotarlas con mano de obra de nuestros paisanos que regresen al país, donde se les debe recibir con los brazos abiertos y bajo la consigna de nunca más volverlos a expulsar por falta de oportunidades.

Con el dinero que se le obsequia a partidos políticos, fácilmente se podría financiar una nutrida patrulla fronteriza formada por inmigrantes repatriados, es decir, por los mejores expertos para impedir el tráfico de armas hacia nuestro país, por ejemplo.

Se podrían legalizar marihuana y cocaína y venderlas en zonas turísticas exclusivamente a los extranjeros mayores de edad que vinieran a vacacionar a México, lo que minaría de manera determinante el poderío del crimen organizado a la vez que generaría cuantiosos recursos para financiar el desarrollo mexicano.

Debería Hacienda tener planes para cobrar impuestos prediales especiales a los miles y miles de extranjeros que vienen a México a comprar casas y terrenos en zonas paradisíacas de playa y de ciudades coloniales, revisando cada operación para buscar ilegalidades. Mandarle un mensaje a Donald Trump de que si así va a ser la cosa, entonces que se atenga a las consecuencias, como diría mi sobrina Daniela, de escasos 8 años, hija de mi hermano Omar.

Si tuviera un poco de dignidad el presidente del PAN y aspirante presidencial Ricardo Anaya, debería traer a su familia de vuelta a México, dejando de pagar la fortuna que gasta en mantenerlos en Atlanta,  Georgia y en trasladarse a verlos, en vez de andar tirando el dinero que le pagamos a su partido en lecciones ridículas sobre “lo que nos hermana con Donald Trump“.

Vender barato nuestro petróleo para que los gringos nos lo devuelvan como gasolina cara, no es buen negocio más que para los entreguistas más abyectos de la historia nacional. Comprar en Tío Sam’s Club camarones congelados a $700 pesos el Kilo, que fueron originalmente pescados en Mazatlán, es la peor tontería económica de civilización alguna en la historia humana, con o sin Tratado de Libre Comercio con los gringos, y lo mismo es aplicable para los aguacates michoacanos y para infinidad de preciosas materias primas que les obsequiamos, mientras el pueblo mexicano padece hambre.

Pensar siquiera que los fascistas de Trump podrían sentarse a discutir un nuevo tratado que nos beneficie, cuando su argumento para la renegociación es precisamente ése, que el actual nos beneficia, es ser tanto o más estúpido que Donald Trump. ¿No cree usted?

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