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TRUMP HASTA EN LA SOPA / LA VERSIÓN NO OFICIAL: POR JESÚS LÓPEZ SEGURA Estados Unidos Internacional 

TRUMP HASTA EN LA SOPA / LA VERSIÓN NO OFICIAL: POR JESÚS LÓPEZ SEGURA

La marcha castrada del domingo (contra Trump y en favor de Peña)

Donald Trump es un producto mediático forjado por el morbo de televisoras hartas del formalismo de los políticos tradicionales, e inflado por audiencias ávidas de “algo distinto” en un panorama abrumador de malas noticias.

Los mismos medios que lo criticaban, paradójicamente impulsaron la popularidad de Donald Trump y lo llevaron al triunfo electoral, ante la terca incapacidad de Hillary para soltarse el pelo. Para encararlo y gritarle misógino insufrible en plena cara. Para negarse a participar en debates en los que no la dejaba hablar y conminarlo a que la tratara con un mínimo de respeto, entre muchas otras estrategias que habrían puesto en su lugar al odioso ogro y la habrían colocado a ella en los cuernos de la luna.

Algo similar ocurrió en México a principios de siglo, cuando las ocurrencias y tonterías del candidato panista Vicente Fox, aderezadas con víboras prietas y tepocatas, despertaron el interés de reporteros, jefes de información y productores de noticiarios televisivos, así como de un público cansado de las evidentes mentiras expresadas en tono de aburrida solemnidad por políticos tradicionales del viejo PRI y de una izquierda carente por completo de imaginación mediática.

El fascista vive porque sus seguidores lo sostienen. No es que exista un ser diabólico que nace de repente y embruja a masas inocentes y cándidas. No. El fascista surge cuando un ser carismático, aunque particularmente común y corriente, como Hitler, Mussolini o Stalin, es capaz de encarnar los odios latentes de millones de ciudadanos que piensan igual que él, pero no se habían atrevido a expresarlo.

Muchos, muchísimos gringos son racistas hasta la médula de los huesos y están felices con Donald Trump aunque no porten capuchas del Ku Klux Klan. Muchos otros no son supremacistas blancos, pero de cualquier modo no les hace gracia que mexicanos a los que toleran en su país como sus sirvientes (meseros, camareras, trabajadores del campo, trabajadores domésticos, jardineros…) de repente sean tantos que empiecen a organizarse para exigir derechos. No ven con buenos ojos que los insulten en los estadios de fútbol en territorio norteamericano. ¡Ya parece que los mexicanos serían muy tolerantes cuando en un hipotético Estadio Azteca lleno de guatemaltecos, insultaran a la selección mexicana!

Los millones de inmigrantes en EU son producto de que en su país de origen no hay condiciones para su desarrollo y prosperidad, el cual buscan del otro lado de la frontera donde, a pesar de los inconvenientes y sufrimiento de abandonar su tierra, suele irles mejor, aunque no siempre.

La unidad de los mexicanos que presuntamente se busca estimular en las marchas del domingo debería ser para que aquí se creen las condiciones laborales que garanticen el bienestar y prosperidad de la gente, lo cual es perfectamente posible porque somos un país extraordinariamente rico en recursos naturales, no como Cuba que sólo producía caña de azúcar cuando los gringos les aplicaron un embargo comercial durante más de medio siglo, prácticamente obligándola a asociarse con la Unión Soviética, aunque ello no estaba en los planes originales de la revolución castrista.

Los organizadores de las marchas quieren protestar contra Trump y no contra Peña Nieto, lo cual constituye una franca estupidez. Si el presidente de los Estados Unidos desea construir un muro de su lado de la frontera, eso es un asunto que sólo a sus compatriotas corresponde juzgar. Es su país y tienen todo el derecho del mundo de expulsar a migrantes ilegales, siempre que respeten sus derechos humanos en el proceso, único caso en que tendríamos que alzar la voz si se violaran esos derechos.

Los políticos mexicanos cara dura de PRI y PAN, únicos que han tenido la oportunidad de ejercer la Presidencia de la República, deberían sentirse avergonzados de que un país tan rico como el nuestro expulse hacia los Estados Unidos a millones de compatriotas, simple y llanamente porque aquí no hay trabajo y cuando lo hay, se pagan sueldos de miseria. Tenemos que transformar nuestro país, sin permitir la intromisión de los gringos, para que la enorme riqueza nacional, hoy en manos de unos cuantos, se reparta con justicia entre toda la gente que trabaja y produce esa riqueza.

Da vergüenza que marchistas clasemedieros pretendan exigirle a Donald Trump que siga recibiendo masas hambrientas de migrantes en su país, en vez de luchar aquí para impedir que nuestros políticos rateros, como Javier Duarte, sigan saqueando a México, regalando preciosas materias primas a los gringos a cambio de chatarra industrial; obsequiándoles nuestras mejores playas a precios ridículos. Masacrando a la población mexicana sólo para que las huestes de drogadictos gringos se pongan hasta la madre.

Es increíble que los marchistas del domingo, convocados expresamente para no meterse con Peña Nieto, hayan olvidado tan pronto que el odioso y peligroso Güero está despachando en la Casa Blanca en buena medida gracias al apoyo brindado gratuitamente por el presidente mexicano y su canciller de Troya (JHL dixit), cuando le dieron legitimidad a su decadente campaña tratándolo como huésped de honor y “estadista” en Los Pinos, a pesar de los insultos con los que nos había estado ofendiendo a los mexicanos. Ya lo olvidaron, como olvidan todas las atrocidades de Tlatlaya, Ayotzinapa y la infinidad de etcéteras que se acumulan. Todo lo olvidan, menos lo que les conviene.

 

 

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