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SALIÓ EL PEINE: TRUMP QUIERE COLOMBIANIZAR MÉXICO Y PEÑA SE MUESTRA AMABLE Y RECEPTIVO / LA VERSIÓN NO OFICIAL: POR JESÚS LÓPEZ SEGURA Internacional Política 

SALIÓ EL PEINE: TRUMP QUIERE COLOMBIANIZAR MÉXICO Y PEÑA SE MUESTRA AMABLE Y RECEPTIVO / LA VERSIÓN NO OFICIAL: POR JESÚS LÓPEZ SEGURA

Usan el combate al narco como pretexto para la represión política

 

Cuando Richard Nixon inventó el paradigma del prohibicionismo como una forma de violentar los derechos humanos de quienes se oponían a la guerra de Vietnam, no imaginó que esa estrategia represiva que le permitía catear casas y violar toda clase de garantías individuales dizque buscando drogas, pero en realidad deteniendo a opositores de la guerra, se extendería hasta los tiempos de Donald Trump, quien trata, nuevamente, de usar como pretexto “el combate contra el narcotráfico” para invadir México, y ello con la entusiasta complacencia, amable y receptiva, es decir, flojitos y cooperando, del Presidente de este país y su “canciller de Troya” (Julio Hernández López dixit).

La dictadura neoliberal que domina el mundo desde hace por lo menos 3 décadas, cuyo cometido fundamental consiste en concentrar la riqueza global en cada vez menos manos, a través de la desregulación creciente del capital financiero y la agudización de las condiciones del “intercambio desigual” entre países “centrales y periféricos” (para retomar conceptos esenciales de la sociología clásica), requiere un pretexto “plausible” para la intervención militar de la potencia imperial en los casos de triunfo democrático de “opciones populistas”, en sus términos opciones que confrontan ese designio irrefutable del neoliberalismo y pugnan por una más equitativa repartición de la riqueza.

Intervenir militarmente en México para impedir el arribo de López Obrador a la Presidencia por la vía democrática sería condenado universalmente, pero hacerlo para “ayudar” en el “combate” contra cárteles que, en realidad, operan con el visto bueno de autoridades en ambos lados de la frontera, es una fórmula aceptable para todos los que se oponen a los liderazgos carismáticos que pugnan por aliviar las condiciones de esclavitud en que viven la mayoría de los mexicanos y que los obliga a emigrar hacia los Estados Unidos en busca de una vida mejor.

La propaganda televisiva del Presidente Peña recibiendo a poco más de un centenar de deportados, en el Aeropuerto, retrata de cuerpo entero la hipocresía de un mandatario incapaz de generar las condiciones para que sus compatriotas puedan vivir y prosperar en su país, pero los recibe ofreciéndoles una limosna de “apoyo” para su repatriación. El colmo de esa hipocresía es “reclamarle” a los gringos que pasen armas por nuestra frontera, cuando los responsables de esos agujeros aduanales son los corruptos agentes mexicanos, hecho incuestionable del que debería tomar nota el gobernador Eruviel Ávila antes de formular declaraciones frívolas (1).

Ése es el tipo de “ayuda” que le ofreció Donald Trump al presidente Peña Nieto en la ya célebre llamada telefónica y es el tipo de plan que Estados Unidos tiene en mente para México, puntualiza el genial columnista de El Universal, Salvador García Soto.

“A eso se refería el presidente estadounidenses al afirmar, en la multicitada conversación telefónica, que ni el gobierno de Peña ni el Ejército mexicano “pueden” contra los cárteles y los narcotraficantes. Una estrategia así, como la que signó y aceptó desde 1999 el gobierno de Colombia y que lleva ya 18 años en operación, significa aceptar la entrada de mandos y tropas militares al territorio nacional para capacitar, coordinar y dirigir operaciones tácticas y acciones conjuntas con las fuerzas militares y de seguridad mexicana” (2).

De ahí la prisa por equiparar la “seguridad pública” con la “seguridad interior” del país, iniciativa por la que han estado pugnando desde el año pasado los legisladores priistas encabezados por César Camacho Quiroz, alentados por conductores de televisión golpistas como Ciro Gómez Leyva, porque claramente se puja por una militarización a la que se oponen, por cierto, los patriotas generales mexicanos, como lo puntualizaron ayer claramente en el Senado de la República, nota informativa que debió copar las primeras planas pero que fue cuidadosamente ocultada por un vocero presidencial que arremete en programas televisivos para desacreditar el periodismo crítico de, por ejemplo, Dolia Estevez y Carmen Aristegui y que tiene el desatino de admitir ante la nación que las conversaciones telefónicas de Peña con mandatarios extranjeros no se graban, lo que expone al presidente a una de dos interpretaciones: o él y su vocero mienten, o son tan torpes de enfrascarse en dimes y diretes con un personaje como Donald Trump sin tener el más elemental pelo de la burra en la mano, o del copete güero, que es lo mismo.

García Soto expresa con su habitual claridad el propósito de los acuerdos que tramita el canciller de Troya: “Lo que plantea Donald Trump y lo que confirmó John Kelly es llevar la Iniciativa Mérida al siguiente nivel y aterrizarla en un nuevo “Plan México”, similar al “plan Colombia”, con lo que se autorizarían las operaciones militares del Ejército de Estados Unidos, incluidas sus bases operativas en nuestro territorio, ya no sólo para combatir y perseguir el tráfico de drogas sino, como lo hicieron en Colombia, ampliarlo también a objetivos como “lograr la paz” en territorio mexicano y la persecución de grupos terroristas o subversivos” (2).

Ya quedan pocas dudas, aunque la propaganda televisiva trate de disimularlas. Peña piensa imponer a un sucesor que le cuide las espaldas, si es necesario con el apoyo militar de Donald Trump, a quien descaradamente ayudó a llegar a la Presidencia de los Estados Unidos. Es su socio. Son amigos. Por eso no le importan las encuestas que señalan que 9 de cada diez mexicanos repudian su administración. Lo único que le preocupa es llevarla bien con su futuro anfitrión.

Han llegado los tiempos en los que el neoliberalismo salvaje se quita la careta. El peñismo pone a sus agentes de propaganda, como Isabel Miranda de Wallace, a organizar marchas no en torno a principios fundamentales de la dignidad nacional, sino de “respaldo al Presidente frente al desafío de Trump“. Desatan a sus intelectuales orgánicos como Leo Zuckermann a clamar -como lo hizo el mismísimo Carlos Fuentes en tiempos de Echeverría- por “el deber patriótico de apoyar al presidente”, mientras Peña acuerda con Trump en lo oscurito, es decir, sin grabaciones que lo pudieran poner en evidencia, la forma de garantizar la continuidad del paradigma neoliberal que le ha permitido saquear literalmente la riqueza nacional -a través de los conspicuos gobernadores del “nuevo PRI como Javier Duarte- y su concomitante paradigma prohibicionista en materia de lucha contra el narco en el que se escudan las acciones militares contra opositores políticos, críticos de prensa, disidentes y contra la democracia misma.

El colmo de los mexicanos será que nos invadan los gringos para “pacificar al país” cuando ni siquiera existe aquí una guerrilla como la colombiana y los cárteles operan libre e impunemente cuando no con la complicidad de autoridades, y donde hay una oposición de izquierda pacífica y negociadora a la que ya le han robado unas 3 veces la elección.

¡Y se dicen demócratas!

 

CON INFORMACIÓN DE:

1.- Que EU atienda primero sus problemas de tráfico de armas y drogas: Eruviel Ávila
La Crónica.- http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1008921.html
2.- KELLY: UN “PLAN COLOMBIA” PARA MÉXICO
SERPIENTES Y ESCALERAS: POR SALVADOR GARCÍA SOTO
El Universal.- http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/columna/salvador-garcia-soto/nacion/2017/02/8/kelly-un-plan-colombia-para-mexico

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