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DONALD TRUMP, DE “JARDINERO CON SUERTE”, A “MENTIROSO MENTIROSO” / LA VERSIÓN NO OFICIAL: POR JESÚS LÓPEZ SEGURA Economía y finanzas Internacional 

DONALD TRUMP, DE “JARDINERO CON SUERTE”, A “MENTIROSO MENTIROSO” / LA VERSIÓN NO OFICIAL: POR JESÚS LÓPEZ SEGURA

Peña parece ser el único que piensa se puede razonar con Trump

 

Dice Enrique Krauze en un programa de Carmen Aristegui que no cree que Donald Trump termine su mandato de 4 años. Sumado a ese estimulante vaticinio, ya algunos personajes de la política norteamericana empiezan a plantear demandas para su destitución.

Contra lo que pudiera pensarse, al mundo le convendría que Trump dure un tiempo razonable en el poder, el suficiente como para que nos dé a conocer, con su torpeza “ejecutiva” y declarativa inaudita, los mecanismos íntimos de la estrategia norteamericana que la llevó a convertirse en la primera potencia del orbe, pero no tanto tiempo como para que nos arrastre a la debacle económica internacional, o peor aún, a la tercera guerra mundial.

El Trump candidato, evocaba al personaje cinematográfico representado por Peter Sellers, El Jardinero con Suerte, un hombre rudimentario que planteaba con honestidad silvestre su concepción limitadísima del mundo, pero que llegó a seducir al esnobismo imperante que interpretaba su ingenuidad como “profunda sabiduría” y lo concebía como un gran líder…

El Trump Presidente parece la encarnación política de otro personaje cinematográfico caracterizado por Jim Carrey en “Liar liar”, es decir, Mentiroso mentiroso en su traducción al español o en el sentido de meter en líos, “liar”, castellanizando el término en inglés. Se trata de un personaje que mentía sistemáticamente con habilidad extraordinaria y eso lo lleva a convertirse en un exitosísimo abogado. Pero el deseo de su hijo que por un día esté obligado a decir la verdad, provoca que se derrumbe su carrera litigante.

Cada vez que Trump trompea en Twitter, es decir, cada vez que abre el hociquito en redes sociales o en sus conferencias de prensa, se mete en tremendos líos y aterroriza a muchísima gente a la que pretendía “ayudar”. El Jardinero con suerte es finalmente descubierto por quienes lo encumbraron como un hombre absolutamente rudimentario e ignorante que los sedujo por su aparente frescura para decir “la verdad”.

No me defiendas compadre, podrían decirle los millones de consumidores de aguacate, luego de que al empresario metido a político se le ocurra poner aranceles tan elevados a ese maravilloso producto mexicano que hagan imposible su importación. Y lo mismo aplica para muchas otras mercancías agropecuarias invaluables que los gringos se han apropiado a cambio de su chatarra industrial, mediante el “intercambio desigual”, concepto de la Sociología clásica perfectamente vigente.

Trump parece confirmar el famoso dicho de que “el pez por la boca muere”, en su caso sería por la trompa. La presión para echarlo de la Presidencia de los Estados Unidos irá creciendo conforme siga balconeando, irreflexivamente, las verdaderas intenciones de un gobierno que encabeza la depredación global más gigantesca de la historia humana.

Trump pone en evidencia los perversos procedimientos que sus antecesores ocultaban cuidadosamente, en el caso por ejemplo del gran orador y carismático mentiroso Barack Obama, con emotivos discursos sobre su hermandad con los inmigrantes, pero sólo para ocultar la expulsión masiva más grande de la historia norteamericana.

Reconozco haber pecado de ingenuidad imperdonable al desear fervientemente que Hillary Clinton se impusiera al impresentable racista, misógino y francamente repugnante republicano. Pero no veía la importancia de que, por fin, los norteamericanos adinerados que lo respaldan, y que casi son la mitad de la población -y no sólo los supremacistas blancos, sino muchos inmigrantes latinos que vieron con buenos ojos que Trump frenara la inmigración de huestes cada vez más numerosas-, dieran la cara para que todo el mundo los vea como son, es decir, racistas, misóginos, y dueños de una incontrolable voracidad para apropiarse de nuestras materias primas a cambio de sus sobras tecnológicas, o de productos elaborados a precios estratosféricos. El ejemplo más vil lo representa la reforma energética del peñismo que mató la gallina de los huevos de oro de la expropiación petrolera de Cárdenas. Les regalamos petróleo crudo a precios infames para que nos devuelvan gasolina carísima mientras desmantelamos nuestras refinerías.

Los gringos han sido extremadamente hábiles, hasta ahora, para crear toda una industria televisiva y cinematográfica donde se presentan invariablemente como “los buenos”, como “los héroes”, y que les ha permitido encubrir su verdadero carácter de villanos, avorazados, gandallas, como ahora todo el mundo lo ve gracias, precisamente, a la torpeza inaudita de Donald Trump y de quienes lo llevaron al poder.

No pasará mucho tiempo antes de que los dueños del dinero se percaten de que Trump les está poniendo una balconeada espantosa y afectando grave, terminalmente sus poderosos intereses. Con el destrompado personaje, no pasa un día sin que los norteamericanos inteligentes -tanto que se han adueñado del mundo-, se vean en la imperiosa necesidad de enjaular a su recién ungido presidente en algún manicomio, para sustituirlo cuanto antes con alguien capaz de continuar con la ardua labor de hacerle creer a todos que los intereses de los norteamericanos pueden ser compatibles con los del resto del mundo.

Luis Videgaray debería tomar nota de que él y su jefe, Enrique Peña, parecen ser los únicos dos hombres en el planeta que piensan que se puede razonar con Donald Trump.

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